Fraternidad religiosa. Calidad humana
La honestidad y la integridad atraviesan hoy en día una crisis de dimensiones profundas que se ramifica y anida en todos los estamentos en todo el mundo.
La honestidad es una de las cualidades más importantes que definen el carácter de una persona. Revela su verdadera naturaleza, expone sus convicciones y demuestra si puede afrontar los conflictos y las dificultades de la vida, manteniéndose firme en sus principios.
Es un valor moral y social que nace del alma y se moldea por las circunstancias sociales y educativas que rodean a la persona desde su nacimiento. Cuando los valores religiosos son aplicados y se obra en función de ello, florecen la nobleza, la integridad, la honestidad y el respeto por los derechos ajenos que se integran en el comportamiento diario y no se ven afectados por tentaciones ni circunstancias adversas.
La honestidad y la integridad atraviesan hoy en día una crisis de dimensiones profundas que se ramifica y anida en todos los estamentos en todo el mundo. Esta crisis no se debe a la falta de leyes, que existen, pero que deben aplicarse constantemente. Lo que se necesita es un entorno propicio para su surgimiento, promover su valor moral y social, e instar a las personas a cultivarla a través de las instituciones educativos, culturales, religiosos y de otras índoles, creando así personas íntegras capaces de desarrollar, impulsar y hacer progresar a la sociedad.
No es fácil ser honesto con uno mismo y con los demás, especialmente al intentar indagar en las profundidades del comportamiento humano para descubrir los verdaderos sentimientos o la razón real que impulsa las acciones y las reacciones. Se requiere de gran fortaleza, que implica adoptar una postura correcta basada principalmente en las creencias religiosas que nos enseñaron los mensajeros y los profetas. Tal vez deberíamos hacernos la pregunta que muchos evaden porque conocen de antemano cuál sería la respuesta: ¿cómo se comportaban esos mensajeros, como para citar algunos, Moisés, Jesús y Muhammad? ¿Eran honestos o no? Los verdaderos valores éticos provienen de un Dios justo y misericordioso. “Tu Señor nunca será injusto con sus siervos”, Corán (41:46).
Quizás, por lo tanto, deberíamos considerar los principios, desde la perspectiva de lo religioso, que promuevan virtudes honorables y fomenten prácticas moralmente sólidas, que permiten al individuo superar cualquier conducta desviada que perturbe el equilibrio de la justicia y la igualdad. “Creyentes! Obedezcan las ordenes de Dios y sean de los honestos”, Corán (09:119).
*Imam, integrante del Comité Interreligioso por la Paz (Comipaz)

