Argentina entra a la tierra prometida
Quisiéramos que la bendición de Dios pueda alcanzarnos a todos los argentinos, sin distinción de credo, raza ni de ninguna otra especie.
“Esta tierra de la que van tomar posesión, no es como la de Egipto de donde salieron. La tierra que van a poseer es tierra de montañas y de valles. Los ojos del Señor tu Dios estarán sobre ella, desde el principio del año hasta el fin, y será una tierra que Dios cuidará”. Deuteronomio 11:12.
Estas son las palabras que Dios dio a su pueblo Israel cuando este tuvo que entrar en la tierra prometida. Era una tierra que tenían que poseer a partir de ese momento, en donde su bendición estaría a diario acompañándoles según la promesa que él les daba.
Según el texto bíblico, se encontrarían con “montañas y valles”. Las montañas iban a simbolizar los tiempos difíciles y complicados que tenían que transitar en ese tiempo nuevo. Los valles, los momentos de paz y quietud que les ayudarían a reconfortarse para seguir sin claudicar en lo que se habían propuesto.
Además, Dios les dice que él mismo se encargaría de cuidar esa tierra, otorgándoles una permanente atención, algo muy importante no solo para ellos sino también para su descendencia. En el versículo 14 dice : “Yo daré la lluvia de vuestra tierra a su tiempo y recogerás tu grano, tu vino, y tu aceite”.
De esta manera les aseguraba las provisiones necesarias para poder vivir, aun en medio de las dificultades que seguramente tendrían que enfrentar en el andar diario.
Esta promesa que fue dada por Dios a Israel, creo que también es para nosotros, los que creemos en él y somos sus hijos.
Iniciamos el 2014, un nuevo año, con todas las expectativas propias que tenemos en relación con este tiempo que tenemos por delante, pero sabiendo que, tal cual él lo promete, estará con nosotros desde el principio hasta el fin.
De alguna manera es entrar en una tierra prometida donde sabemos que Dios estará, arreglando lo que humanamente no podemos solucionar debido a nuestras limitaciones humanas. Una tierra “que Él cuidará”.
Seguramente tendremos que pasar, como este pueblo, por montañas y valles, situaciones muy buenas, y otras seguramente no tan buenas. Como se dice comúnmente: una de cal y una de arena.
Habrá circunstancias adversas, que solamente podremos atravesar con la ayuda de un Dios que se especializa en solucionar las cosas que son imposibles para el hombre debido a sus propios límites.
Pero no vamos a claudicar ni a ser egoístas. Quisiéramos que la bendición de Dios pueda alcanzarnos a todos los argentinos, sin ninguna distinción de credo, de raza ni de ninguna otra especie por las cuales alguna vez pudimos enfrentarnos entre hermanos.
Vivimos en una tierra, nuestra querida Argentina, que está moralmente enferma. En el Preámbulo de su Constitución dice que es una Nación que cree “en Dios, fuente de toda razón y justicia”. Ese Dios es el que en estos tiempos tiene que hacerse presente, entrando al corazón de los hombres, produciendo los grandes cambios necesarios, justamente en la razón y en la justicia.
Que desde el principio al fin de este año los ojos de Dios estén más que nunca sobre nuestra querida Nación Argentina. Que así sea. Dios nos bendiga.
*Pastor evangélico. Miembro del Comipaz

