Debate. Aprender un nuevo idioma para renovar la política

La renovación política también exige construir otras condiciones para el encuentro. No alcanza con tener diagnósticos lúcidos sobre la crisis de representación. Hace falta generar situaciones concretas donde dirigentes distintos puedan pensar juntos.

30 de abril de 2026 a las 12:16 p. m.
Alon Kelmeszes
Aprender un nuevo idioma para renovar la política
Encuentro de dirigentes políticos de diferentes partidos en Villa Giardino, en un evento organizado por Potencia Argentina+

Aprender a hablar es un proceso que, una vez incorporado, parece de una simpleza brutal. Pero para un niño es una verdadera epopeya. Se aprende por imitación, por prueba y error, buscando aprobación en la mirada de otros. Un entramado complejo de habilidades se pone en juego para transformar el ruido en palabra y, con el tiempo, poder expresar lo que se quiere, lo que se necesita, lo que se siente.

La política también tiene su propio lenguaje. Un dialecto que no es natural, sino aprendido. Se transmite en la práctica, en los espacios de militancia, en los partidos, en los medios.

Se aprende qué decir, cómo decirlo, cuándo tensar, cuándo ceder. Y como todo lenguaje aprendido, termina moldeando no solo la forma en que hablamos, sino también la forma en que pensamos y actuamos.

¿Cómo hablamos hoy de política? ¿Qué imaginamos cuando pensamos en un dirigente? Negociación, promesas, tensión permanente. El tire y afloje. La chicana. Levantar la voz para imponerse. Hablar sobre el otro más que con el otro.

Poner en cuestión

Ese dialecto, en su forma y en su contenido, es el que creemos que debemos poner en cuestión. No para reemplazar la formación política tradicional, que sigue siendo necesaria, sino para complementar con la posibilidad de construir otro idioma.

Uno que no niega el conflicto, pero que lo procesa de otra manera. Un dialecto de la cooperación en la diferencia, de la argumentación para convencer y no para domar, de la escucha activa que pone en primer plano las historias de vida antes que las etiquetas, y de una expresión política que no se desconecta de lo sensible: las emociones, la naturaleza, el entorno.

Esa búsqueda parte de una convicción: la renovación política también exige construir otras condiciones para el encuentro. No alcanza con tener diagnósticos lúcidos sobre la crisis de representación, la fragmentación o el desgaste del debate público. Hace falta generar situaciones concretas donde dirigentes distintos puedan pensar juntos, sostener diferencias y producir algo en común sin quedar capturados de entrada por la lógica de la trinchera.

Eso fue, en buena medida, lo que buscamos poner a prueba el pasado fin de semana en Villa Giardino, donde nos reunimos con dirigentes de Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos en un encuentro regional.

Durante tres días, más de quince participantes –concejales, funcionarios, referentes sociales, empresarios– compartieron experiencias, discutieron y se expusieron a una conversación que exigía algo más que la reafirmación de posiciones previas: exigía escucha, incomodidad y disposición a dejarse afectar por la perspectiva del otro.

Por eso, también, lo que ocurrió por fuera de las dinámicas formales tuvo valor político. Caminar juntos por el Paseo del Indio, escuchar música, celebrar, compartir tiempo sin una agenda cerrada: todo eso ayudó a construir un clima de confianza sin el cual la deliberación se vuelve puramente performática.

La política necesita ideas, programas y confrontación, pero también necesita contextos donde el vínculo no quede aplastado por la disputa permanente.

En paralelo, el hackatón con herramientas de inteligencia artificial reforzó esa misma hipótesis desde otro ángulo. Los equipos trabajaron sobre problemas públicos concretos y tuvieron que convertir diferencias de mirada en ejercicios de diagnóstico, priorización y propuesta.

La tecnología cumplió ahí una función precisa: acelerar procesos, ordenar información, prototipar caminos posibles. Pero el aprendizaje de fondo fue político. Innovar, en este terreno, implica crear mejores mediaciones para pensar con otros, decidir con otros y construir con otros.

Escuchar para comprender

Quizás lo más desafiante fue otra cosa: sostener conversaciones sin la necesidad de ganar. Escuchar para comprender, incluso cuando no se comparte. Y aceptar que cambiar de opinión no pone en riesgo la identidad propia, sino que puede fortalecerla.

Renovar la política, si es que esa es la tarea, no parece ser solo una cuestión de estructuras, requiere también una transformación interna. Un trabajo sobre cómo pensamos, cómo hablamos, cómo nos vinculamos. Los partidos siguen siendo marcos fundamentales, pero muchas veces operan como estructuras que limitan la creatividad o endurecen posiciones.

Ahí es donde aparece la necesidad de complementar, de abrir espacios de entrenamiento donde se puedan ensayar otras formas.

Estamos probando. Lo decimos así, sin vueltas.

En un contexto de polarización acentuada, esto es apenas una gota. Pero también es un indicio. Una experiencia concreta que muestra que, cuando se habilitan otras condiciones, aparecen puntos de encuentro, posibilidades de colaboración y formas distintas de construir lo común.

Aprender un idioma nuevo nunca es inmediato. Requiere tiempo, práctica y, sobre todo, disposición a equivocarse. Tal vez renovar la política tenga algo de eso: animarse a desaprender lo aprendido para empezar a decir, y a hacer, las cosas de otra manera.

Por ahora, eso: un testimonio. Modesto, sí. Pero (creemos) con potencia.

Director educativo de Potencia Argentina+