Temas del día:

Apostillas para un recién nacido

Nacés y te definen. Identidad, pertenencia, relaciones; todo aparece en un instante. 

28 de diciembre de 2014 a las 12:01 a. m.
Enrique Orschanski (Médico pediatra)
Apostillas para un recién nacido

Nacés y te definen. Identidad, pertenencia, relaciones; todo aparece en un instante. Sin pausas, inmediatamente sos vos. No otro; vos, único e irrepetible.Pertenecés a una familia, ya no a otra. Portás su apellido lo que, por ahora, es inevitable. El nombre, también, elegido sin tu opinión. No te preocupes, rápidamente irá cambiando. Catalina será Cata... y después, Catu. A Rodrigo, le dirán Rodri y, más tarde, apenas Ro.En sala de partos, definen tu sexo. Por tu entrepierna, serás varón o mujer. Las ecografías lo insinuaban, pero ahora no quedan dudas (ni ilusiones de varón, después de varias nenas, o viceversa). El género que definas más adelante llevará tiempo, pero ahora es así. Por eso te visten con celeste o rosa. Anticuado, pero todavía se estila.Enseguida, comienzan a alimentarte. Seguramente, tu mamá. Esa mujer despeinada y dolorida, que con gran esfuerzo te ofrece el pecho. No la elegiste (ni a ella ni a la teta), pero en este momento no hay opciones. A su lado, suele estar un señor, tu papá. Seguramente lo verás desconcertado. Está, aunque no sabe bien para qué. Mientras tanto, alcanza el bolso, anota trámites y atiende mensajes del teléfono. Y contiene a la marea de gente que quiere conocerte; esperando que se vayan, para poder conocerte.Muchos festejan tu aparición. Reconocerás, porque no paran de llorar de alegría, a tus abuelos. Los chiquitos, en cambio, te ignorarán, buscando al descuido tocarte la mollera. Todos hablan en este, tu idioma, diferente a otros. Es que naciste en esta ciudad y el dialecto viene incluido. Según esta minucia geográfica, ya tenés nacionalidad, aunque falte un trámite registral. Tu nacimiento, tu mera aparición, ha resuelto apuestas sobre tu peso, color de ojos y parecidos. Harás recordar a muchas madres su propio parto, renovando las ganas de contarlo.Algún pariente –suele ser joven, suele ser varón– compró para vos una camiseta de su equipo preferido. Sin saberlo, una legión de personas ya te quiere por eso; otra te desprecia, aunque ni te conozca ni la hayas usado.Llegarán personas vestidas de blanco, apuradas por saber si naciste sano y con los sentidos intactos. Alguien exprimirá tus talones buscando gotas de sangre. Revisarán tus ojos y tus oídos. Llorá tranquilo, es por tu bien.En pocos minutos, tu breve existencia se cubrirá de improntas culturales, hasta llegar a ocultar tu original condición de primate. Estos cambios definen con fuerza implacable. ¿Por qué te los cuento? Porque es justo advertirte; por afecto y por pura lealtad humana.No puedo dejar de recordar que has nacido en este, nuestro país. Territorio diverso, de maravillosa historia circular. De peleas y reconciliaciones, de quejas y de esperanzas. Lo aprenderás especialmente durante el año que inicia, de alboroto electoral.Nuestra historia colectiva –la que estudiarás algún día– te explicará este momento. Descubrirás que las posturas ideológicas en cada etapa otorgan una fundamental identidad. Las ideas no sólo definen; terminan siendo vos. Por eso, prepárate para descubrir, en esta época y en tu entorno, fuertes desencuentros entre personas, debido a posiciones opuestas. Gestos desencajados, frases viscerales que dividen familias. Verás amigos de toda la vida alejarse por no coincidir en un proyecto político. Escucharás discusiones que no terminan en concordia, sino en desprecio o calumnia. Tal vez te acostumbres: es tu circunstancia; pero es necesario advertirte, porque también esta época y su futuro te pertenecen. Sos afortunado, porque discutir significa disponer de una libertad que alguna vez no tuvimos. Pero sería importante –quizá deseable– que no te calificaran de "pro" o "anti" cuando apenas asomás la nariz al mundo. Para quedar a salvo, al menos durante tus primeros días, de prejuicios y fanatismos.Feliz nacimiento. Feliz año.