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¿Ahora en quién podemos confiar?

Confianza y fe. Quiero desde este humilde espacio honrar a la persona de Jesucristo, tan recordado en esta Navidad, porque en él verdaderamente se puede confiar.

03 de enero de 2017 a las 12:01 a. m.
Norberto Ruffa*
¿Ahora en quién podemos confiar?

Los seres humanos hemos tenido siempre la necesidad de depositar nuestra confianza en alguien. Y, por supuesto, esperamos que esa persona actúe en forma correcta frente a determinadas situaciones.

La realidad es que en ocasiones nos hemos sentido frustrados ante la falta de respuesta a esas expectativas, y surgió así la desconfianza por no poder llegar a ver los resultados esperados.

Hace unos días, los cristianos celebramos la venida de Jesucristo a este mundo. Ese niñito Jesús que nació en la ciudad de Belén en un pesebre fue creciendo y, con el correr del tiempo, se transformó en un hombre cuya actuación tuvo gran relevancia en el mundo de la época.

Su característica era que poseía dos naturalezas, divina y humana, tal cual lo exponen las Sagradas Escrituras. Esas dos naturalezas le permitían actuar entre quienes lo rodeaban demostrando una gran compasión por los desprotegidos y necesitados, ya que había sido enviado por Dios a esta tierra para poder cumplir con una misión muy importante.

Su conducta y sus dichos hicieron que muchos confiaran en él. “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”, dijo en una oportunidad (Juan 10-10).

Esa vida que ofrecía era la vida que el mismo Dios otorgaba a quienes la necesitaban para que pudieran recibirla.

La autenticidad y veracidad de sus palabras hacían que quienes lo escuchaban le creyeran, confiaran en él y pudieran recibir la salvación que Dios mismo les otorgaba.

Nunca defraudó a nadie, nunca se aprovechó de nadie, no usó la mentira para satisfacer sus intereses personales.

Hoy en día, lamentablemente, muchos de los líderes de este mundo no pueden demostrar una conducta similar. El egoísmo y la vanagloria personal revelan, en muchos casos, el poco interés que se tiene por el prójimo que es el próximo.

Esto es lo que en realidad motiva la falta de confianza.

Quiero desde este humilde espacio honrar a la persona de Jesucristo, tan recordado en esta Navidad, porque en él verdaderamente se puede confiar. Yo lo hice y lo seguiré haciendo por el resto de mis días. Dios te bendiga.

* Pastor evangélico, miembro del Comipaz