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Adiós a Thatcher y a Tony Blair

Si en la Argentina los partidos se alternaran en el poder e hicieran congresos periódicos, con nuevos programas y líderes, la realidad sería muy distinta. Julio César Moreno.

16 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
Julio César Moreno (Periodista)
Adiós a Thatcher y a Tony Blair

Mientras en varios países europeos continúa el avance de la ultraderecha –compensada sólo en parte por la suba de los partidos ecologistas, trotskistas y neocomunistas–, la vieja Inglaterra sigue fiel a sus partidos tradicionales. Ello no quiere decir que éstos no cambien, sino todo lo contrario. Pero ese cambio no se orienta hacia la derecha, la "islamofobia" o el nacionalismo, sino a la equidad, la justicia y la igualdad de oportunidades, lo que no significa que Gran Bretaña esté girando a la izquierda. Recientemente, se realizaron tres congresos partidarios: de los conservadores, en Birmingham; de los laboristas, en Manchester, y de los liberal-demócratas, en Liverpool. En éstos se renovaron autoridades y se definieron nuevas líneas programáticas, coincidentes al menos en un punto: la necesidad de enfrentar la crisis europea y mundial con políticas eficientes y de fondo, que a la vez tiendan a proteger a los sectores de la población más castigados por la crisis. Equidad. La voz de orden dada en el congreso conservador se resume en la palabra inglesa fairness (equidad). El líder y primer ministro "tory", David Cameron, fue muy claro en su llamado a una modernización del conservadurismo, que a su juicio debe ser más sensible a la corrección de las desigualdades y a promover el rol activo de las comunidades locales y el voluntariado. O sea, nada de estatismo y menos de burocracia. La urgencia de ayudar a los pobres, dijo Cameron, requiere de un Estado descentralizado, ligero y solidario. Fue un adiós a Margaret Thatcher. Distinta es, en cambio, la perspectiva del laborismo, que en la palabra de su nuevo líder, Ed Miliband, debe convertirse en un gran partido de izquierda reformista y democrática, que promueva una recreación del "Estado de bienestar", adaptado a las nuevas condiciones económicas y sociales. Fue un adiós a la confusa "tercera vía" de Tony Blair. Un modelo de excepción. Un nuevo conservadurismo y una nueva socialdemocracia, con nuevos líderes que tienen un promedio de edad de 40 años. La "pérfida Albión", que sigue suscitando amores y odios como en el pasado, que fue un gran imperio y ahora se contenta con ser la tercera o cuarta potencia europea, que fue el primer país que resistió con éxito la agresión del nazismo a principios de la década de 1940, ha dado otro ejemplo al mundo entero: la continuidad y, a la vez, la renovación de un sistema político que lleva siglos de existencia, a cuya cabeza están los grandes partidos históricos, conservadores y laboristas, a los que se agregó después un tercer partido, el liberal-demócrata. En una época en que los sistemas políticos se disgregan por doquier –no sólo en América latina sino también en buena parte de Europa–, cuando aparecen nuevas formaciones a derecha e izquierda, a veces de existencia efímera, y cuando las democracias plebiscitarias, presidencialistas, reeleccionistas y populistas están de moda, el modelo político británico es casi una excepción. Si en la Argentina los partidos políticos se alternaran normalmente en el poder e hicieran congresos periódicos, en los se definieran nuevos programas y se consagraran nuevos líderes –sin tanto internismo, fragmentación y violencia–, tal vez la realidad sería muy distinta a la que conocemos.