Una locura que nadie sabe cómo termina
El Marqués Anexo y algunas manzanas próximas, como tantos barrios de la ciudad de Córdoba, han sido desde hace años escenarios propicios para el accionar de bandas de jóvenes que deciden saldar sus cuentas a balazo limpio. Claudio Gleser.
El Marqués Anexo y algunas manzanas próximas, como tantos barrios de la ciudad de Córdoba, han sido desde hace años escenarios propicios para el accionar de bandas de jóvenes que deciden saldar sus cuentas a balazo limpio. No hace falta adentrarse mucho en el sector para comprobar que la droga ha hecho y viene haciendo estragos en numerosos chicos y chicas, y que muchos vecinos tuvieron que aprender a convivir con delincuentes sin animarse a denunciarlos, porque saben que hacer eso significa, básicamente, irse del barrio. Es un drama complejo, con numerosas aristas, donde la ausencia del Estado se patentiza en cada esquina. Y si la situación no desbordó del todo es porque aún hay miembros de la comunidad que luchan para cambiar las cosas.En Marqués, en los últimos siete años, 13 jóvenes murieron por violencia urbana, tal como se informó en este diario el domingo. En los últimos días, el asesinato de un muchacho (fusilado por la espalda) y el brutal ataque a un amigo de este, a las pocas horas, que lo dejó en grave estado, aumentó de forma exponencial la ola de violencia en Marqués Anexo.La Policía de Córdoba reaccionó y, al tiempo que se detenía a algunos sospechosos por estos casos, decidió copar la zona. Se quitaron móviles de otros barrios de la Capital y se los destinó a patrullar ese sector, se apostó la Guardia de Infantería, se envió al grupo Eter, al helicóptero...De esta forma, Marqués Anexo se transformó en una zona sitiada por uniformados. O eso creían las autoridades. Se equivocaban.En medio del "copamiento" policial del barrio, pasaron graves episodios. Veamos: no cesaron los tiros y las amenazas; las clases nocturnas de un colegio debieron suspenderse para seguridad de los alumnos; otro pibe, Brian Rivas (20), fue muerto de un balazo por una barra; un grupo de allegados al sospechoso se calzó chalecos antibalas robados a la Policía y la emprendió a tiros contra un grupo de familiares de Rivas, que habían ido a reclamar justicia a las pedradas.En medio del "copamiento", una turba quemó una casa, a pesar de que había policías al lado. Incluso ayer, delante de las narices de los uniformados, vecinos amenazaban con nuevas quemas.Las preguntas caen de maduro: si ocurren estas cosas con la Policía presente, ¿qué más puede pasar en los próximos días? ¿Cómo se pueden evitar nuevos hechos de violencia? ¿La situación se fue de las manos? ¿Cuál es la salida?Por lo pronto, los jefes policiales saben que la comisaría es un blanco fácil y, de un momento a otro, puede ser atacada. En Casa de Gobierno siguen la situación con atención y afirman que necesitan ayuda de la Justicia.En la Jefatura de Policía, a nadie se le cruza la idea de abandonar este polvorín. Saben bien que hacer eso sería una locura. La misma que sufren los vecinos en esa zona desde hace años.

