Hace siete años que no se sabe cómo murió Darío
Se exhumó el cuerpo del joven a pedido de su madre, quien sospecha que profanaron la tumba.
Bastaron unos pocos golpecitos al pico para que la lápida cediera. Con cuidado, los tres hombres enfundados en la camisa azul con la leyenda "Municipalidad de Córdoba-Dirección de Cementerios" la apoyaron abajo y procedieron a sacar el féretro, que a medida que salía se iba desnudando de la madera que lo recubría, hasta quedar sólo la chapa metálica. Una vez afuera, en uno de los pasillos del cementerio San Jerónimo, de la ciudad de Córdoba, comenzaron a actuar los forenses. La exhumación, realizada ayer a media mañana, se trató de un nuevo capítulo en la investigación por la muerte de Darío Celayes (22), el joven de Villa El Libertador que en la noche del 18 de octubre de 2003 apreció tirado junto a su moto en la avenida Circunvalación a la altura de la usina Bazán de Epec. Durante cinco días, en coma, agonizó en el Hospital de Urgencias, donde murió. ¿Una caída de la moto? ¿Alguien que lo chocó y huyó? ¿O lo golpearon con algo? Desde entonces, su familia se realiza estas preguntas, sin conseguir aún alguna respuesta.La investigación recayó en la fiscalía de Distrito 2 Turno 3, a cargo de Pedro Caballero.Un año después, cuando su madre Graciela fue a dejarle flores frente a la lápida de material y letras negras, se encontró con que había una rajadura. A partir de entonces, ella comenzó a pedir que alguien se fijara si la tumba había sido profanada.El temor de la mujer –forma parte de "Los Padres del Dolor"– surgió tras la incertidumbre que carga desde el día de su velorio, cuando un policía se le acercó, según asegura ella, y le dijo que él no había matado a su hijo. Hasta hoy, la mujer se pregunta por qué este efectivo le dijo algo así, lo que hizo que desde entonces ella viviera sumida en la incertidumbre.Tras pedir con insistencia en distintas oportunidades que se fijaran qué había en el nicho de su hijo, al final ayer se realizó la exhumación. La familia Celayes acudió acompañada por la perito del Equipo Argentino de Antropología Forense, Anahí Ginarte.Al abrir el féretro, se extrajeron distintas partes de los restos, que ahora serán analizados en el Ceprocor para cotejar si son de Cristian. No obstante, en una vista preliminar, no se observaron anomalías en el cajón. "Yo sólo quiero saber si al que le llevo flores es mi hijo, porque todo ha sido muy raro hasta ahora", expresó Graciela.Tras terminar con las extracciones, y cuando se creía que iban a volver al cajón a su nicho, surgió un inconveniente: los empleados encargados de hacerlo se negaron, aduciendo que ahora, con el féretro roto, perdía líquido y además del olor nauseabundo se corría el riesgo de provocar infecciones, por lo que pidieron que se comprara un nuevo cajón de metal.La familia de Cristian fue a comprar uno cerca del cementerio, pero los precios oscilaban entre los 240 y los 270 pesos, dinero que ellos no disponían. Al final, se decidió introducir el cajón roto por el lapso de un mes, tiempo que tendrán para comprar uno nuevo.Por su parte, el fiscal Caballero refirió: "Estamos investigando la muerte y hay una denuncia por una profanación, por lo que decidimos la exhumación para que la madre se sacara las dudas. Sobre la muerte, seguimos investigando, no sabemos si fue un accidente o un homicidio, pero hasta ahora no hay nada que nos permita inferir que lo mataron".

