"Festejan" muerte de policía cordobés
Tiempo después del crimen de un agente de la Caminera, aparecieron dibujos sobre una pared en una suerte de "festejo" macabro. Hoy habrá fallo.
Una pistola similar a una nueve milímetros escupiendo una bala. A los pocos centímetros, una serpiente enroscada en una daga. Un poco más abajo, el destello blanco, salpicadura de la pared, recuerda que allí, hace casi dos años hubo un tiroteo en el que murió el agente de la Policía Caminera Alberto Oscar Araos (20).
La simbología escrita sobre la pared ubicada detrás de la parada de ómnibus ubicada en la avenida Sabattini casi Punilla, en la ciudad de Córdoba, es una suerte de "festejo" macabro por la muerte del policía. Según los códigos del hampa, la serpiente enroscada en la daga significa "muerte a la Policía".
Manos anónimas garabatearon estos dibujos sobre la pared roja tiempo después del crimen, ocurrido en la madrugada del martes 20 de enero de 2009. Aún en la oscuridad, Araos esperaba que pasara el ómnibus que lo iba a llevar hacia la localidad de Alicia, donde le tocaba su turno de trabajo. Sin embargo, jamás llegó a subirse. Un grupo de ladrones lo despojó de su mochila y otras pertenencias, y cuando huían, se tirotearon con Araos que les dio la voz de alto.
En el cruento tiroteo, el agente cayó muerto. Al parecer, antes de fallecer alcanzó a herir a uno de los ladrones. Esa misma madrugada, fue abandonado en la guardia del Hospital de Urgencias Hernán Cortez (25), que sobrevivió y quedó imputado por el homicidio. Al poco tiempo fueron atrapados otros dos supuestos cómplices, Félix Taboada y Jonathan Maldonado, y una mujer, Valeria Josefina Aráoz, a la que se acusa de formar parte de la banda pero no del homicidio.
Durante la instrucción, la causa fue elevada a juicio como "homicidio criminis causae" (mataron para lograr impunidad), pero luego de distintas apelaciones se cambió la imputación a la figura de "homicidio en ocasión de robo".
Sin embargo, el fiscal y la querella, representada por el abogado Jorge Johnson, insistieron en los alegatos en volver a la imputación que prevé la condena a perpetua. En la primera audiencia, Cortez confesó haber matado al agente pero dijo que lo hizo en defensa propia al sacar el policía su arma reglamentaria. Su defensor había pedido una condena de 15 años.

