Asesinó a su madre y ahora teme que pueda ser liberado
La hija de Edith Benega, la víctima, está preocupada porque se cambió la carátula. El policía estaba imputado de homicidio simple, que pasó a homicidio preterintencional.
Martes 7 de septiembre de 2010. Silencio sepulcral en los dos departamentos ubicados en Agustín Garzón 3922, en barrio Altamira de la ciudad de Córdoba. Recién alrededor de las 14, la joven temerosa logra superar el candado y la reja de la parte alta. Algo le dice que a su madre le ha pasado lo peor. La sospecha la carcome desde la noche anterior. "Cuando pude entrar, lo primero que noté es que faltaba el plasma y que habían corrido la cama hacia la puerta. Temblaba toda. Miro a un costado y veo los pies de mi mamá. Me acerqué para tocarla, estaba toda golpeada, moretones en el abdomen, tenía la lengua afuera. Le faltaban hasta las vendas del brazo y se le había salido el fierro que le pusieron por una quebradura. A lo único que atiné fue llamar al 'Beto', pero no me atendía el teléfono". Melisa Verónica Bulacio (23), se quiebra. Llora desconsoladamente y trata de hablar, pero sólo tartamudea palabras que no se entienden. El "Beto", es el concubino de su madre. Se llama Carlos Alberto Mattos (46) y es un policía con 25 años de antigüedad, preso por el homicidio de Edith Mabel Benega (49), la madre de Melisa.La joven morocha, toma un trago de gaseosa, pide disculpas y quiere contar todo desde el principio, en su afán por demostrar que Mattos "planificó" el crimen. En un primer momento, el fiscal Roberto Matheu caratuló el caso como "homicidio simple" y después cambió la imputación por la figura de "homicidio preterintencional seguido de robo". "Con esa acusación podría salir en libertad... de solo pensarlo me está volviendo loca", confiesa Melisa. Infidelidad. Según el testimonio de Melisa, hubo un incidente que llevó al policía a eliminar a su madre. "El jueves, ella encontró debajo de un almohadón un celular con mensajes de una mujer. Cuando le pidió explicaciones él le dijo que era una policía y se trataba de una 'relación virtual', que sólo la amaba a ella. Mi mamá lo echó, le dijo que se fuera, pero el sábado se arreglaron y fueron de paseo a Villa Carlos Paz. El la conformó porque le prometió que el lunes le pediría a su jefe que trasladara a la mujer de los mensajitos". El domingo se juntaron en el departamento de Melisa para festejar el cumpleaños de su sobrinito. "Nos reunimos con mi pareja, mi mamá, mi hermano Cristian que es policía, el bebé que cumplía un añito y su señora", recuerda la chica de mirada triste. A la noche, cuando Melisa se fue a dormir, Cristian y su familia se instalaron en el departamento de arriba. Llamaron a 'Beto', quien se excusó porque estaba haciendo adicionales en el Hospital de Urgencias. A las 2.30, Edith volvió a llamar a su compañero para saber si iba a poder llegar para ver a su nietito. "No, me tengo que quedar hasta las 13", respondió Mattos.Sin embargo, cuando todos se habían ido y su concubina ya dormía, el policía abandonó el servicio y fue a la casa. "A mi mamá la mató entre las 4 y las 7 de la mañana. Robó el plasma, algunas ollas y hasta el acolchado que usaba mi mami. Quería simular un robo para cubrirse las espaldas. Encima, cuando le pegaba, mi mamá alcanzó a defenderse con el fierro que había quedado al descubierto en su brazo y pudo hacerle algunos cortes en el rostro".El imprevisto llevó al policía Mattos a inventar otra coartada. Para desviar la atención de esas heridas se presentó en la Comisaría 1ª explicando que había tenido un incidente con unos cirujas en el Hospital de Urgencias. No entregó procedimiento alguno ni personas detenidas.A esa altura, el supuesto asesino comenzó a pisarse. Cuando volvió al Urgencias, una compañera, que también hacía adicionales, le preguntó qué le había pasado en la cara. "Me corté afeitándome con una hojita vieja", respondió Mattos. Sospecha fatal. Como todos los días, el lunes a las 8, antes de irse a trabajar, Melisa quiso saludar a su madre. La reja de su departamento estaba cerrada con candado por fuera. "Habrá salido", pensó. Durante el resto del día no pudo comunicarse y los mensajitos que envió no tuvieron respuestas. De regreso a su hogar, la joven llamó a "Beto". El policía trató de calmarla. "Fue a visitar al sobrino", le dijo. El martes por la tarde, las coartadas del asesino se desmoronaron como un castillo de naipes. Los indigentes que supuestamente lo habían atacado, declararon que conocían a Mattos, pero jamás habían discutido. El "botín" de los supuestos ladrones habría aparecido en el domicilio de una amante, que no era policía y a la que mentía lo mismo que a su concubina.Llevaba una doble vida escudándose en la cantidad de "adicionales y recargos de servicio" que le daba la superioridad. El presunto homicida estaba perdido. Encima, cuando llegó a la escena del crimen y vio que retiraban el cadáver, jugó su última carta para simular su inocencia. "¡Qué hiciste gorda!", habría exclamado, como si la mujer se hubiese suicidado.

