La UCR pateó el tablero de lo previsible
Alfonsín eligió a González Fraga como ladero pensando en una segunda vuelta y en una garantía de gobernabilidad. Confirmó que realmente quiere ser presidente. Horacio Aizpeolea.
E n las últimas horas, se completaron dos fórmulas presidenciales, al nominarse dos candidatos a vice, los dos peronistas. Uno de los nominados, el patagónico Mario Das Neves, poco le agrega a Eduardo Duhalde. Perfiles demasiado parecidos, ex gobernadores, hombres de la política tradicional. Ricardo Alfonsín, en cambio, pateó el tablero de la previsibilidad. El factor sorpresa en política –no confundir con improvisación– suele ser buen pagador. Y la apuesta al economista Javier González Fraga, si algo provocó hasta ahora, fue eso, sorpresa. Las palizas electorales del oficialismo en Catamarca, Salta y La Rioja, más la victoria política en Chubut (pese a la derrota); las encuestas tempranas favorables a Cristina Fernández, contagiaban bostezos. Ricardo Alfonsín sacudió esa modorra. Showtime, diría un relator de NBA.En enero, Das Neves era un presidenciable del Peronismo Federal. En los sondeos, su gente ganaba la gobernación de Chubut por más de 20 puntos; envalentonado, prometió renunciar a todo si perdía. Ganó por 400 votos. Si Duhalde anda rengo por "el papelón" (como él dijo) de las primarias con Alberto Rodríguez Saá, Das Neves no es la muleta más adecuada.Amigo de Roberto Lavagna, también de la Mesa de Enlace, funcionario de Alfonsín padre y de Carlos Menem, González Fraga aporta una inequívoca señal de Alfonsín hijo a los poderes económicos. También, un guiño al electorado de clase media. "La fórmula Alfonsín-Binner era pan con pan", graficó Ernesto Sanz, en apoyo a su correligionario.¿González Fraga interpreta al peronismo anti-K? Definitivamente, no. Duhalde, los Rodríguez Saá o Felipe Solá corporizan esa idea. ¿Tiene un aparato electoral poderoso como De Narváez en Buenos Aires? Tampoco. Una probable encuesta arrojaría discretos niveles de conocimiento sobre su figura. ¿Por qué, entonces? "González Fraga es un excelente compañero para una fórmula de ballotage", admitió un funcionario K. Ahí apunta Alfonsín. El establishment no digiere a los K; pero valora la gobernabilidad.Este valor, el de la gobernabilidad, es el gran talón aquiliano que Alfonsín cree blindar con González Fraga de ladero. La imputación sobre la falta de gobernabilidad es una mácula odiosa para el radicalismo. Alfonsín confirmó con una acción audaz que quiere ser Presidente, que no le interesa hacer una digna elección. En la carrera por la candidatura radical, se comió crudos a Julio Cobos y a Ernesto Sanz. Se peleó con su amigo socialista Binner y se jugó por De Narváez. Buscó completar la fórmula con un economista que aportaría "confiabilidad, solidez técnica, experiencia de gobierno" (dicen los radicales), de cara a una segunda vuelta. En 1983, su padre también tejió alianzas conservadoras. Los detractores dirán que la historia se repite pero como farsa.

