A todos nos puede pasar
Hagamos algo poco recomendable. Leamos el presente desde el pasado, como tanto le gusta hacer al kirchnerismo. Adrián Simioni.
Hagamos algo poco recomendable. Leamos el presente desde el pasado, como tanto le gusta hacer al kirchnerismo. Hay distorsiones acumuladas en diversos precios de la economía. Desde las tarifas de la energía y el transporte, verdaderas bases del resto de la actividad económica, hasta diversos productos que están "pisados" en el mercado interno. Los más notorios son los granos. Parecidas a las distorsiones que amontonó José Ber Gelbard, ministro de Juan Perón, que le estallaron a Celestino Rodríguez, ministro de María Estela Martínez. Hay una lógica que se venía repitiendo anualmente –y que desde este año es semestral– en la que ingresos (salarios, jubilaciones, subsidios como la asignación por hijo) y precios intentan sacarse ventaja y lo único que logran es alimentar una inflación persistente que, aunque es baja en comparación con los récords argentinos, está entre las más altas del mundo. Si algo había era inflación en la década de 1970. Hay un clima de malestar. No llega a la violencia. Pero hay un escenario de plantas industriales tomadas, de estudiantes secundarios acicateados, de pactos de convivencia resquebrajados entre sectores importantes del empresariado y el Gobierno. Y hasta hay microatentados cada vez más frecuentes contra cajeros automáticos, en los que no se busca dinero. Hay una política oficial que está decidida a imponer una lectura unilateral de la historia reciente del país, que no piensa preguntarle a nadie si está de acuerdo con ella o no, porque está basada en un convencimiento ciego, a lo Aldo Rico, que consideraba a la duda una jactancia de intelectuales. Parecido a las certezas de las organizaciones armadas de los '70, cuyos integrantes estaban tan pero tan convencidos de la infalibilidad de sus proyectos políticos que decidieron disfrazarlos de "utopía" y romanticismo juvenil e imponerlos con secuestros y asesinatos.
Éramos tan violentos
Esta política oficial termina justificando la violencia como medio de construcción política, siempre que se invoque cierta ideología y no otra. Es muy demostrativo el libro Operación primicia , de Ceferino Reato. Allí se muestra cómo, sin que nos diéramos cuenta, montoneros que murieron mientras atacaban cuarteles militares durante el Gobierno constitucional de Perón –gobierno que ellos mismos habían entronizado– han ingresado al panteón de las víctimas reales del terrorismo de Estado de la mano de los Kirchner en los últimos años. No sólo sus nombres figuran en el Monumento a las Víctimas. Sus descendientes cobraron importantes indemnizaciones, muy superiores a las recibidas por las familias de los soldados conscriptos que ellos mismos mataron en sus ataques, cometidos en pleno Gobierno democrático. Suéltame, pasado. Hay que tomar todo esto con pinzas. No es correcto leer el presente desde el pasado, como si viviéramos en un eterno retorno en el que, como le gusta al revisionismo, los Rosas, los Yrigoyen y los Perón terminan pareciendo una misma persona que cada tantas décadas renace con un DNI distinto. Por suerte, no somos los mismos que en los '70; el mundo no es el mismo. Los granos, sin ir más lejos, tienen unos precios internacionales que en aquella década no podían ni soñarse y que en estos años permiten encubrir los desaguisados económicos del kirchnerismo realmente existente. Pero somos argentinos. Y es difícil no ceder a la tentación de jugar al deporte nacional del eterno retorno, sobre todo cuando el Gobierno lo practica todo el tiempo en beneficio propio. Falta perspectiva. Aun así, uno nunca sabe qué presente es el que está viviendo hasta que recién el paso del tiempo le permite alguna perspectiva. Si lo sabrá el empresario Osvaldo Cornide, el presidente de Came, elegido por la Presidenta para festejar el Día de la Industria. Al cumplirse el primer año del Gobierno de facto de la junta militar, Cornide firmó una carta en La Prensa , en la que expresaba su "agradecimiento" por la decisión militar de terminar "con un régimen que conducía inexorablemente al país al caos y la disgregación". En la nota destacó "los importantes logros del Gobierno Militar en el plano de la acción antisubversiva y el restablecimiento de la moral pública, el orden y la seguridad".Hace poco, Cornide, en declaraciones a Perfil, se excusó: "En 1977, el 90 por ciento de los argentinos no imaginaba el horror que significaría la dictadura militar". O sea, le faltaba la perspectiva. A todos nos puede pasar.

