De la Sota, cada vez más preocupado por el cristinismo
El acto de cierre de campaña de Cristina Fernández dejó a los peronistas cordobeses un convencimiento, que preocupa al futuro gobernador José Manuel de la Sota: el cristinismo está más lejos que el kirchnerismo del peronismo tradicional. Julián Cañas.
El acto de cierre de campaña de Cristina Fernández dejó a los peronistas cordobeses un convencimiento, que preocupa al futuro gobernador José Manuel de la Sota: el cristinismo está más lejos que el kirchnerismo del peronismo tradicional. Juan Schiaretti fue testigo privilegiado del último acto proselitista K, en el cual la Presidenta se sintió cómoda entre gente de "su palo", que poco tiene que ver con el partido que fundó Juan Perón. Dicen que el cordobés no fue el único mandatario provincial que se sintió como sapo de otro pozo.La muerte de Néstor Kirchner, el 27 de octubre del año pasado, fue una bisagra para el escenario político nacional y también para el oficialismo cordobés. La súbita desaparición física del ex presidente lo sorprendió en plena negociación política con De la Sota, quien preparaba el lanzamiento de su candidatura a gobernador.Por entonces, fuentes kirchneristas confirmaron que Kirchner tenía pautada una reunión con De la Sota para el viernes 29 de octubre. La muerte del ex presidente parió un nuevo modo de construcción de poder, que quedó en manos de Cristina.Desde entonces, todo fue complicado para De la Sota y Schiaretti en la relación con la Rosada. "Kirchner era un tipo complicado, pero peronista al fin. Con él, se podía negociar", suele razonar un dirigente cordobés, con trato directo con ambos referentes provinciales.Al cambio de estilo lo padeció De la Sota, meses atrás, cuando no llegó a un acuerdo con la Rosada por las candidaturas. La jefa del Estado no se movió un paso de su postura: exigió todos los candidatos a diputados nacionales, el segundo escalón en la fórmula provincial y varios lugares en la lista de legisladores locales, que le garantizara tener un bloque propio en la próxima Legislatura.De la Sota rechazó tales exigencias. Sin embargo, luego del aluvión de votos que Cristina recibió en las primarias, debió resignar la lista de candidatos a la Cámara Baja, allanándole el camino al kirchnerismo para que mañana consiga entre cuatro y cinco bancas. Una cifra impensada para los K, que no pudieron hacer pie en Córdoba ni en las mejores épocas del mandato de Kirchner.Luego de una consulta con su sucesor, Schiaretti decidió participar del cierre de campaña de Cristina. Fue invitado, como todos los gobernadores oficialistas, y llegó con la expectativa de que podía recibir alguna señal de pago de la deuda, que ya trepa a 1.700 millones de pesos y asfixia a las finanzas provinciales.Dicen que no hubo ni un gesto y que Schiaretti se volvió convencido de que el cristinismo ya aplastó al kirchnerismo.Schiaretti transita el último codo de su mandato y su preocupación pasa por conseguir un desembolso de al menos una parte de la deuda de la Nación, para retirarse del poder sin sobresaltos. De la Sota vive otra realidad. Se prepara para convivir con Cristina si, como lo indican las encuestas, la Presidenta es reelegida por amplio margen.El futuro gobernador ya diagramó su estrategia: no pelearse con el poder central. Aunque el plan tiene un margen de incertidumbre que inquieta a De la Sota. Como dijo uno de sus futuros ministros, "con Cristina nunca se sabe y 'el Gallego' dependerá de ella hasta para pagar los sueldos". Con esa incertidumbre, el mandatario electo transitará hasta asumir el poder, el próximo 10 de diciembre.

