Sin mayoría, los K aseguraron gobernabilidad
Apuraron la sanción de leyes clave antes de que cambiara la composición del Congreso.
Buenos Aires. La dura derrota electoral que sufrió el kirchnerismo hace un año, que le implicó perder 12 senadores y más de 25 diputados en el Congreso, lo reposicionó como primera minoría, pero ya sin el control absoluto que antes tenía sobre ambas cámaras legislativas.
Ese esquema parió una nueva estrategia política del oficialismo que impulsó, entre julio y diciembre pasados –fecha en la que renovó el Parlamento– todas las leyes que les garantizaron la gobernabilidad hasta el fin del mandato de
Cristina Fernández, a la vez que impulsaron normas para cambiar abruptamente las reglas del juego político.
La primera movida del Gobierno tras el cachetazo electoral fue prorrogar un año las facultades delegadas, lo que le permitió, entre otras cosas, seguir fijando las retenciones a las exportaciones y mantener esos ingresos para la caja.
También logró aprobar un presupuesto "ficticio", con una tasa de crecimiento y un índice de inflación inferiores a la realidad y un cálculo de recursos subvaluados.
Además, el Congreso ratificó la ley de Emergencia hasta fines de 2011, lo que le da a Cristina amplias facultades en la administración de los bienes públicos.
El oficialismo marcó la agenda en buena parte de 2009 con la sanción de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual(cuya puesta en vigencia sigue enredada en la Justicia), que obliga a los holdings del rubro a desprenderse de señales de radio y televisión.
De apuro, el oficialismo también sancionó una ley de reforma política que, entre otras cuestiones, establece la obligatoriedad de los comicios primarios en los cuales cada partido definirá sus candidatos a la Presidencia. Ese nuevo esquema es el que impone, por caso, que los argentinos tengamos que votar en agosto de 2011 en la interna de un partido y luego en octubre elegir entre los candidatos que salieron triunfantes de la primera elección.
El oficialismo busca así que el justicialismo no se divida en varias canastas en la elección general, aunque hoy el Peronismo Federal (anti-K) analiza no ir a la interna con Néstor Kirchner.
Iniciativas. Otra iniciativa que marcó a fuego el derrotero poselectoral del Gobierno fue el lanzamiento de la Asignación Universal por Hijo, una idea que había enunciado mucho antes la opositora Coalición Cívica.
Ese escenario favorable al kirchnerismo cambió en parte en diciembre, cuando se conformó el nuevo Congreso, donde el Frente para la Victoria cedió espacios en la composición de todas las comisiones de Diputados, que pasaron a ser controladas por una oposición abroquelada y unida sólo por el objetivo de frenar al kirchnerismo. En el Senado ocurrió algo similar, aunque allí la oposición demostró ser más permeable a las presiones de la Casa Rosada, que sorpresivamente contó con el apoyo de rivales como los senadores Carlos Menem, Roxana Latorre o María Bongiorno.
Aún así, la Cámara Alta está hoy dividida en partes iguales entre opositores y oficialistas y ninguno de los dos tiene quórum para sesionar o sancionar una ley. El resultado inmediato fue que todos los proyectos del Gobierno y de la oposición considerados clave han quedado a mitad de camino. ¿Ejemplos? La modificación a la distribución del impuesto al cheque a favor de las provincias y el rechazo de los diputados al decreto de necesidad y urgencia (DNU) que le permitió al Tesoro apoderarse de las reservas del Banco Central para pagar la deuda pública.
Más allá de los intentos de la Casa Rosada por saltear al Congreso en temas claves como el uso de las reservas, el
Parlamento retomó un papel protagónico. La oposición no logró sesionar durante el verano cuando estalló el escándalo por la conducción del Banco Central, pero logró poner en la agenda temas como el federalismo fiscal, al conseguir la media sanción del impuesto al cheque. Esto provocó que la Presidenta recibiera por primera vez en dos años de mandato a todos los gobernadores y sacara luego un decreto para facilitarle a las provincias el pago de sus deudas con la Nación, una medida que la congració con varios mandatarios peronistas.
Aunque todos esperaban que tras la derrota del oficialismo de hace un año atrás el Gobierno aceptara consensuar y dialogar, los Kirchner optaron por tensar la cuerda y apostaron por la crispación.
Hoy en el Congreso hay en el tintero varias iniciativas de la oposición que tienen como principal objetivo ponerle límites al Gobierno nacional y dar un mensaje de más institucionalidad. Pero será difícil que el Senado las convierta en ley. Es el caso de la media sanción que obtuvo el miércoles pasado la derogación de los superpoderes del jefe de Gabinete o del proyecto de reforma del Consejo de la Magistratura –que busca sacarle al oficialismo el poder de veto de los jueces– que ya tiene acuerdo opositor en Diputados para sancionarse en las próximas semanas.
Párrafo aparte merece la única ley que fue debatida más allá de los intereses partidarios y que ha logrado gran repercusión: la equiparación del matrimonio de personas del mismo sexo al casamiento heterosexual. El proyecto fue presentado por diputadas de izquierda pero logró adhesiones en todo el arco político.
Kirchnerismo
Es hoy una fuerza menos homogénea que hace un año, pero igual sigue manejando con rigor al grueso de los gobernadores peronistas. Nadie discute que será Néstor Kirchner el candidato presidencial. Scioli, el postulante muleto de la Casa Rosada, buscará su reelección en Buenos Aires. El tucumano José Alperovich y el sanjuanino José Luis Gioja pelean por la Vicepresidencia. Hay incógnitas por el rol que jugarán mandatarios que muestran cansancio de los Kirchner, como es el caso del salteño Juan Manuel Urtubey. En Córdoba, José Manuel de la Sota tiene una relación oscilante con el kirchnerismo.
Acuerdo Cívico y Social
Se nutrió de la alianza de radicales, cívicos y socialistas y en 2009 obtuvo casi tantos votos a nivel nacional como el oficialismo. Su futuro está supeditado a la marcha de la interna entre radicalismo ortodoxo y el cobismo. La UCR tiene dos presidenciables: el vicepresidente Julio Cobos y el diputado Ricardo Alfonsín. El mendocino busca diluir las presiones de la cúpula del radicalismo que apoya a “Ricardito”. Pero a Cobos lo critican no sólo sus correligionarios: los socialistas y Elisa Carrió prefieren a Alfonsín. El Vicepresidente se prepara para la elección primaria de la UCR y Alfonsín prefiere un acuerdo que incluya a socialistas y a la Coalición Cívica. Se desconoce qué rol jugará el gobernador Hermes Binner, quien no tiene reelección en Santa Fe.
Peronismo anti-K
En 2009 se presentó bajo diferentes formas. La alianza más importante la tuvo en provincia de Buenos Aires y en Capital Federal con el PRO de Mauricio Macri. En ambos distritos lograron resonantes victorias. Francisco De Narváez, asociado a Felipe Solá derrotó a Kirchner-Scioli. Gabriela Michetti fue la carta de Macri en la ciudad y ganó. Hoy la unión de Macri, Solá y De Narváez está rota. Los dos peronistas tomaron distancia del jefe de Gobierno porteño, quien está jaqueado por la Justicia por el escándalo de las escuchas ilegales. El peronismo anti-K tiene varios precandidatos a la Presidencia, como Eduardo Duhalde y Solá. De Narváez quiere ser gobernador bonaerense y Carlos Reutemann se muestra renuente. A ellos hay que sumar la lanzada candidatura del chubutense Mario Das Neves y también a Alberto Rodríguez Saá. De todos ellos, Duhalde es el único que cree que hay que sumar a Macri.
Centroizquierda
Luego del segundo lugar que alcanzó “Pino” Solanas (Proyecto Sur) en la elección porteña, la centroizquierda comenzó a girar a su alrededor. Se le sumaron los ex aristas de SI, Libres del Sur y la CTA. Coquetean con el socialismo de Binner, que ya tiene un acuerdo con radicales y cívicos. En Córdoba, Solanas tiene buen vínculo con Luis Juez (Frente Cívico).

