Segunda declaración de la independencia
Una clepsidra virtual goteaba en la web cada segundo de la última cuenta regresiva imaginada por el Ministerio de Economía para detallar la hora del grito de autonomía. Edgardo Moreno.
En la benemérita y muy digna ciudad de Buenos Aires, a tres días del mes de agosto, elministro de economía de la Nación, Hernán Lorenzino, intentó declarar la segunda independencia del país al concluir el pago del bono Boden 2012. La casona tucumana de Francisca Bazán de Laguna había sido reemplazada para la ocasión por el reducto de don Adelmo Gabbi, la Bolsa de Comercio, sede tradicional del libre cambio. Una clepsidra virtual goteaba en la web cada segundo de la última cuenta regresiva imaginada por el Ministerio de Economía para detallar la hora del grito de autonomía.Tanto énfasis fue atenuado a último momento por la Presidenta, quien optó por recomendar un tono reflexivo antes que celebratorio.El cumplimiento de las deudas desconocidas por el país a principios de siglo es un síntoma alentador, claro que obligatorio tras años de crecimiento a tasas elevadas, empujado por rendimientos extraordinarios de los productos primarios argentinos en los mercados de las dominaciones extranjeras. Necesario, además, toda vez que el Boden 2012 fue una fuente de dinero para el gobierno de Néstor Kirchner. Fue el ex presidente quien amplió la emisión de esa deuda, 15 veces, por unos 5.400 millones de dólares, en suscripciones que casi siempre fueron directas a la Venezuela de Hugo Chávez.Probablemente atendiendo a esta realidad, el Gobierno anunció, junto con la cancelación de los pagarés dolarizados, un aumento en los haberes de los jubilados. El incremento fue menor que la inflación transcurrida, que las autoridades desconocen. No atiende a los cálculos de movilidad que la Corte de Suprema de Justicia ha ordenado contemplar, con la desobediencia del Gobierno, y se solventará con los fondos previsionales que han venido a reemplazar a los bonos externos como fuente de financiamiento del déficit del sector público. Préstamos al Estado, además, otorgados a una tasa menor que lainflación real. Una vez en el bolsillo de los jubilados, el aumento anunciado por la Presidenta deberá pagar el impuesto inflacionario, que será mayor en el futuro, ya que el funcionariado de Lorenzino no estima necesario establecer ninguna estrategia eficaz para controlar el aumento de los precios.Podría, en este caso, excusarse al ministro. Las medidas de contralor respectivas han sido ejecutadas por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien, aunque ostenta un rango inferior a Lorenzino, no le responde. Además, si se hiciese algo, no sería sino lo que está pergeñando el adversario de Moreno y secretario de Política Económica, Axel Kicillof, quien también desempeña un cargo de inferior jerarquía que el ministro. Y tampoco le responde. De modo que en la carrera hacia el procerato, Lorenzino ya tenía méritos, al aprobar la asignatura de la pintura al óleo, tan habitual en los prohombres de la patria.En el mundo de los mortales, entretanto, la inflación puede ser mencionada con un eufemismo del vicepresidente Amado Boudou: "Corrimiento de los precios relativos". Boudou no estuvo presente en la Bolsa. Se desconoce si la salida recreacional no fue negociada en tiempo y forma con el Vatayón Militante. Desajuste que sólo se explicaría por la demora en el procesamiento del titular nato del Senado. Algo que impacta de lleno en sus posibilidades de participar en los actos culturales organizados por el oficialismo.Así las cosas, la declaración de la independencia organizada por elministro Lorenzino fracasó por las limitaciones de la economía real. Al menos hasta que se recupere Brasil o el independiente mercado de Chicago asista con sus benéficos efectos al valor de nuestros productos exportables. No obstante, Lorenzino –cuyo espectro ya transita inaudito por las lejanías del poder real– no debe temer que le suceda lo que a Francisco de Laprida, quien sí se animó a declarar la independencia y murió luego a degüello en manos de sicarios del fraile Aldao. La Presidenta salió en auxilio de su ministro para despejar esas angustias conjeturales. Igual, sin el heroico concurso de la mandataria, el funcionario hubiese tenido una segunda oportunidad. Todavía cabía esperar al Hombre Araña.

