Se busca una salida digna
El apabullante triunfo de Cristina Fernández de Kirchner no deja demasiado margen para el análisis de los partidos de la oposición. Eduardo Bocco.
El apabullante triunfo de Cristina Fernández de Kirchner no deja demasiado margen para el análisis de los partidos de la oposición. Dos derrotas por goleada empequeñecen hasta las autocríticas. Además, el resultado estaba cantado y sólo restaba conocer el detalle de las cifras finales. Por ejemplo: si la presidenta Cristina Fernández rompía la marca y ganaba por un margen de 40 o más puntos sobre su inmediato seguidor. Y, en Córdoba, si la coalición kirchnerista Frente para la Victoria lograba cinco diputados, cosa que no pasa desde hace mucho tiempo en un distrito en el que tanto Néstor Kirchner como Cristina Fernández jamás habían conseguido una victoria, ni en 2003 (triunfó Carlos Menem) ni en 2007 (victoria de Roberto Lavagna).Lo de ayer deja instalado un escenario claro, que no admite la menor de las dudas. La oposición queda administrando poco más que migajas, pero a esta altura de la vida ya es un lugar común decir que se han edificado imperios políticos a partir de dos palitos y una lata.En este contexto de contundencia kirchnerista, algunos análisis que se centraron sobre el futuro de la oposición aportaron un elemento diferente, que superó al vulgar "no hay figuras que capten el interés de la sociedad".Ese análisis distinto o, al menos, formulado con otra mirada, dice que este resultado tremendo servirá para que algunos partidos políticos como el radicalismo apuren una renovación generacional que termine de despedir a los hombres y mujeres que se aferran a la conducción partidaria desde 1983, cuando la sociedad argentina reconquistó el sistema democrático.También puede servir para que se reacomoden agrupaciones nuevas y sin historia, como el Frente Amplio, en especial a partir de la solidez y la historia de los socialistas santafesinos, que en el corto plazo deberán afrontar un desafío complicado: el embate kirchnerista por "robarles" dirigentes.Una cosa es el socialismo en Santa Fe, donde es gobierno, y otra en el país, en el que, si quiere crecer, deberá demostrar que este segundo puesto, lejano, no fue un golpe de suerte o producto de la casualidad.El socialismo que es casi hegemónico en el Frente Amplio tiene como socio en Córdoba a Luis Juez, quien afronta su etapa política más difícil, a partir de la severa derrota que le propinó su archirrival José Manuel de la Sota. Binner deberá buscar socios políticos a lo ancho y a lo largo del país y no bambolearse ni dejarse seducir por el poder K, cosa de la cual está sospechado. Si eso es así, su futuro político quedará reducido a la nada con el paso del tiempo. Capítulo aparte para algunos de los grandes derrotados, como Eduardo Duhalde, Ricardo Alfonsín, Alberto Rodríguez Saá y Elisa Carrió.Para Duhalde, da la impresión de que le llega el ocaso, más allá del entusiasmo con que se presentó en público tras conocerse los resultados de ayer. Dice que no se jubila de la política, pero…Ricardo Alfonsín, quedó demostrado, sólo lleva un apellido ilustre y no pudo convencer a la sociedad de su proyecto. Esto pone al radicalismo al borde de un abismo y ahora deberá decidir cómo afronta la caída: si tirándose con un paracaídas o dando un salto al vacío. Decisiones racionales esperan sus afiliados.Alberto Rodríguez Saá no pasó el corte de personaje estrafalario y la ciudadanía no compró el "milagro" de San Luis.Quedan Carrió, a quien los argentinos le dieron una lección soberbia, y la izquierda, que seguirá presa de sus tribulaciones, más allá de las ocurrencias de marketing que convirtieron a un viejo dirigente de la política como Jorge Altamira en un objeto atractivo, electoralmente hablando. Eso fue en la primaria. Ayer, cuando se jugó la final, la gente no le renovó el crédito.Anoche, a la hora de justificar las derrotas, los opositores estuvieron tan pobres como sus cosechas de votos.

