En retirada, pero ahora con el cargador vacío
Giacomino sabe, y además está escrito en el manual más elemental de la política, que la fijación de la fecha de su sucesión implica, al mismo tiempo, el inicio de su despedida. Rubén Curto.
Hace ya un largo año, cuando la soledad política de Daniel Giacomino empezaba a ser un dato incontrastable de la realidad, hasta sus compañeros de mesa chica en la gestión se ufanaban al señalar que, a pesar del escenario adverso que lo abrumaba, todavía le quedaba en su cargador político una "bala de plata" para disparar. Se referían a la potestad que tenía el intendente de fijar la fecha de las elecciones locales, con toda la carga de repercusiones políticas que eso podía implicar. Esa prerrogativa era, en definitiva, una posible arma de negociación.En el Palacio 6 de Julio intuían que la determinación del calendario electoral podía poner a Giacomino en un sitial de poder –efímero, pero poder al fin–, al constituirse en virtual árbitro de expectativas ajenas, según se leyera la conveniencia o no de votar juntos, el mismo día, intendente y gobernador.Esa chance ciertamente existía, pero se empezó a desvanecer en el mismo momento en que, por necesidad propia de ganar tranquilidad en lo que le queda de gestión, eligió despegar los comicios y fugar hacia delante.Giacomino sabe, y además está escrito en el manual más elemental de la política, que la fijación de la fecha de su sucesión implica, al mismo tiempo, el inicio de su despedida.Si el actual oficialismo municipal tuviera una carta fuerte para jugar, al poner en carrera a un candidato con chances de disputar poder, seguramente sería otra la historia. Pero el camino del giacominismo no pasa por ahí.Sin un futuro político personal visible en el horizonte inmediato, desde ayer el crédito personal de Giacomino empieza a menguar a pasos acelerados. Es lógico. Ahora, con la campaña misma, las expectativas ciudadanas empezarán a mirar a otros nombres.Aun cuando terminó "achicando" el cronograma electoral tentativo en 21 días (del 9 de octubre, factible en primera instancia, recaló en el 18 de septiembre), el intendente se guió por la lógica de postergar todo lo posible la cita con las urnas, para cuidar su gobernabilidad. Es que, desguarnecida como está su gestión en términos de apoyo político, los casi 90 días que mediarán entre la consagración y la asunción de su sucesor no prometen ser fáciles de sobrellevar.Los términos de esa travesía dependerán de él, pero también –y esencialmente– del nivel de cordura con que se manejen los aspirantes a reemplazarlo en el principal sillón de la ciudad.

