La rebelión de los beneficiados
El Gobierno nacional dice que hay escasez de combustibles por la enorme demanda de una economía caliente. Andrián Simioni.
El Gobierno nacional dice que hay escasez de combustibles por la enorme demanda de una economía caliente. No es falso. Según el Instituto General Mosconi, el promedio diario de venta de combustibles en el país, entre enero y abril, aumentó 4,1 por ciento en relación con el mismo período de 2010 (incluye todas las naftas, querosén, naftas de aviones, gasoil y diésel oil). También es cierto que en la caída de la producción de petróleo de abril influyó mucho el paro petrolero de Santa Cruz, que comenzó el primer día de ese mes y se levantó el 26. Pero negar que detrás de los problemas de suministro hay defectos de política energética es tapar el sol con las manos. Argentina se transformó en poco atractiva para la actividad. El volumen de crudo que se extrae no difiere demasiado del de 2001. Y la balanza comercial energética, que antes era muy superavitaria, ya es levemente deficitaria.Las empresas que operan en el país son las mismas que lo hacen en otros países, en los que sí se empeñan en producir ante el enorme incentivo que significa el precio del petróleo. Acá, se eliminó el incentivo.La situación es paradojal, porque ahora hay que importar cada vez más combustibles a precios crecientes, mientras no se reconoce igual valor al productor local. Un caso: desde el 1° de julio se pagan 10,2 dólares el millón de BTU por el gas de Bolivia, contra 8,7 dólares hasta ese día. En las cuencas argentinas, se cobra menos de tres dólares.Hay un problema acumulado de sinceramiento de precios. Lo dicen hasta los propios supuestos beneficiados. Hoy, la federación de empresas transportistas (Fadeeac) espera reunirse con Guillermo Moreno. Allí le llevarán datos como estos: en la ciudad de Córdoba, YPF tiene en el surtidor el precio de 3,78 pesos que Moreno mira al medir la inflación. Pero en el interior es de 4,10. Los de Petrobras, Esso y Shell promedian 4,56. Y en muchos casos hay que pagar, aparte del ticket, una factura extra por conceptos raros que esconden el verdadero valor del gasoil. Los camioneros saben que no hay bien más caro que el que no se consigue y por eso algunos pedirán a Moreno que deje de dibujar números que ya no dan para más.

