Una protesta con un mensaje preocupante
Un fotomontaje de un funcionario dentro de un ataúd y con un balazo en la frente, por más antipático que ese dirigente político pueda resultarle a algunos, difícilmente se traduzca en un mensaje político positivo. Horacio Aizpeolea.
Un fotomontaje de un funcionario dentro de un ataúd y con un balazo en la frente, por más antipático que ese dirigente político pueda resultarle a algunos, difícilmente se traduzca en un mensaje político positivo. Convocar a un acto contra ese funcionario mediante ese mensaje es preocupante. Más, si la convocatoria se hace frente al domicilio de ese funcionario. Del cacerolazo contra Guillermo Moreno estamos hablando. El Gobierno nacional denunció ante la Justicia este episodio, ocurrido el miércoles a la noche. Ayer, el apellido del secretario de Comercio Interior fue uno de los temas más discutidos en la red social Twitter. Al repasar los contenidos, por abrumadora mayoría ganaban los que justificaban los mensajes agresivos a los que pedían un poco de cordura.El nudo argumental de los defensores del escrache, simplificando, fue: "Moreno es agresivo, de qué se queja".Hay distintas y variadas anécdotas sobre los modos del polémico funcionario. Desde que ha recibido a un empresario con un arma sobre el escritorio, hasta los guantes de boxeo que repartió en una asamblea de Papel Prensa (en lo que fue una broma de gusto dudoso). Días atrás, una despachante de aduanas denunció a Moreno por amenazas ante la Justicia. La denuncia judicial, hasta periodística, si se quiere, juega con reglas democráticas. El mensaje mafioso, no.Unas 30 personas participaron del escrache a Moreno. Algunas más, un día antes frente a la casa del juez Norberto Oyarbide. Poquísimas si se las compara con la multitud que se manifestó semanas atrás contra políticas gubernamentales. La violencia política transita hoy por el terreno de lo simbólico. Se está jugando con fuego. Echarse después la culpa respecto a quién comenzó, será una discusión vana.

