Protagonismo, ambiciones y tensión en el oficialismo
El poder K apela a su tremendo pragmatismo para encolumnar a casi todo el peronismo y sus aliados en su proyecto de reelegir a la Presidenta, si finalmente Cristina Fernández confirma que irá por otro mandato. Fernando Micca.
El poder K apela a su tremendo pragmatismo para encolumnar, por acuerdo o por presión, a casi todo el peronismo y sus aliados en su proyecto de reelegir a la Presidenta, si finalmente Cristina Fernández confirma que irá por otro mandato. La dispersión del PJ obliga a una tarea artesanal en cada distrito. En Córdoba, una amplia franja de kirchneristas se apresta a participar en la interna peronista, en una apuesta a la unidad y al apoyo del aparato partidario en la elección nacional. Otra parte, comandada por Eduardo Accastello y donde se expresan también sectores no peronistas, quiere recorrer un camino propio. Estos tienen más obstáculos que los primeros.En Santa Fe, la dirigencia kirchnerista condicionó la unidad a que el partido apoye a la Presidenta. En el Congreso partidario, hubo una supuesta unidad, con interpretaciones distintas. "Apoyamos a la Presidenta", afirmó el diputado Agustín Ro- ssi. "Eso no está definido", replicaron voceros de Carlos Reutemann. Aunque no lo digan en voz alta, cordobeses y santafesinos trazan sus estrategias dando prioridad a las cuestiones provinciales. Movida clave. Igualmente, la movida clave está en la provincia de Buenos Aires, con riesgos incluidos. La utilización de las colectoras –acá se llamaban sumatorias– divide aguas, porque el mecanismo que permite que varios candidatos a gobernador e intendente lleven a Cristina Fernández para presidente ayuda a sumar votos arriba, pero divide hacia abajo. Los ultra K, varios funcionarios y el líder cegetista Hugo Moyano avalan las colectoras. Pero además del gobernador Daniel Scioli –que mide sus pasos–, se oponen de modo terminante los intendentes del conurbano. Ellos construyeron un poder que estará en riesgo si deben compartir la candidatura de Cristina con sus propios adversarios, muchos de ellos ajenos al peronismo. El caso de Martín Sabatella, un aliado no peronista de Cristina, es elocuente. Los "ultras" del cristinismo lo avalan para gobernador con el fin de cerrarle a Scioli el camino a la reelección. La jugada puede dividir el voto kirchnerista y entregarle la provincia a Francisco de Narváez. Para los ultras, eso importa poco, porque consideran que Scioli es de derecha y ajeno al "movimiento nacional y popular". Por cierto, los peronistas que rodean a Scioli y los intendentes que arriesgan poder en la provincia no piensan lo mismo. Ellos tienen una pertenencia y consideran a Sabatella un oportunista de otro pelaje.Hay tensión y no se sabe cómo terminará la historia. Ya en las legislativas del año pasado hubo en el conurbano sugestivos cortes de boleta que favorecieron a los intendentes en detrimento de la lista de diputados que encabezó el propio Néstor Kirchner. Todos quieren ganar en la nacional, pero no a costa de sacrificar sus propios espacios.

