Primer paso en una larga cuesta
Mestre logró lo que hace un año fue un imposible para la Municipalidad: cerrar un acuerdo salarial con el Suoem que no desentonara con el resto de la administración pública. María Virginia Guevara.
Ramón Mestre la semana pasada logró lo que hace un año fue un imposible para la Municipalidad de Córdoba: cerrar un acuerdo salarial con el Suoem que no desentonara con el resto de la administración pública, ni en el porcentaje ni en el plazo.
Logró, además, que el propio secretario general del Suoem, Rubén Daniele, al anunciar ese acuerdo, comprometiera apoyo gremial en el principal desafío económico del municipio para 2013: la reducción del gasto salarial al 59 por ciento de los ingresos.
No es poco, si se tiene en cuenta que se trata de un gremio que en los últimos 15 años fue, de manera sistemática, por la ampliación de esa porción de los ingresos municipales que se llevan los sueldos, hasta hacer inviable casi todo lo demás.
El problema es que tampoco es suficiente: una suba escalonada del 26 por ciento sobre el universo salarial descontrolado del municipio llevará el gasto bastante más allá del 59 por ciento de los recursos. En el Ejecutivo comienzan a observarse algunas señales en defensa de ese porcentaje.
El jueves, un día después del acuerdo salarial, se publicó un decreto que suspende nuevas incorporaciones vía contrato y también prohíbe designaciones en planta transitoria. La norma llega luego de que en el primer año de gestión Mestre incorporara casi un millar de contratados, e incluye un detalle que permite imaginar la virulencia de las presiones para “meter” más gente: el funcionario que incumpla el decreto deberá responder con su patrimonio.
En paralelo, siguen los despidos por faltas injustificadas: fueron más de 25 en lo que va del año. Y la semana próxima comenzarán los emplazamientos a los casi 400 empleados que deberían estar haciendo los trámites para jubilarse este año o ya deberían estar retirados hace tiempo, pero no quieren irse. Hay obvias resistencias gremiales a esas medidas, pero también hay un detalle: no hubo reclamos públicos y el Ejecutivo las puso en marcha.
Lo que viene es la discusión sobre los dos grandes temas tabú de los salarios de los municipales: las horas extras y las bonificaciones, dos rubros que nunca paran de crecer, pese a que siempre se están anunciando recortes.
Las horas extras, que se pagan de modo cuatrimestral, llegan a representar varios salarios juntos al momento del cobro –son frecuentes las liquidaciones de 20 mil, 30 mil y hasta 40 mil pesos–, y las bonificaciones son sobresueldos que originalmente fueron excepcionales y hoy tienden a ser generales y del máximo permitido: 35 por ciento.
Pensar en que esa realidad puede cambiar sin discusión y sin conflictos es casi una quimera. Lo mismo que creer que el gasto salarial puede bajar si eso no cambia.

