La perinola del transporte: dos ganan, una pierde
“El que nace pobre y feo tiene altas posibilidades de acrecentar ambos rasgos con el paso de los años”. Rubén Curto.
"El que nace pobre y feo tiene altas posibilidades de acrecentar ambos rasgos con el paso de los años". Esa humorada popular bien podría aplicarse a la evolución de la empresa municipal Tamse, surgida de apuro y ante la falta de otras opciones, hace más de una década. En esto conviene tener memoria. El alumbramiento de Tamse se dio por varios fracasos privados: primero, la quiebra masiva de empresas de transporte en la segunda mitad de los '90; luego, la deserción de quien ganó uno de los tres corredores licitados por Germán Kammerath en 2001.En su seno, Tamse albergó la mano de obra residual (y abultada) que fueron dejando las quiebras ya mencionadas. Ese fue un defecto "de origen", que la firma pagó carísimo en términos de costo laboral y conflictividad gremial.Pero a ese déficit inicial, luego se agregó otro mucho más gravoso: la absorción sistemática de los recorridos deficitarios que sus pares privadas se fueron sacando de encima. Como para mantener siempre vigente aquello de "socializar las pérdidas y privatizar las ganancias".Hoy, el escenario muestra a dos prestatarias privadas en pie y dispuestas a seguir en el negocio, y a Tamse devorando cada vez más recursos.Así, por problemas de configuración inicial y por desmanejos administrativos posteriores, Tamse se convirtió en la hija boba que ya nadie quiere tener, al menos como está. Mestre busca desatar esa madeja y repartir las cargas entre varios jugadores privados. Lo que está por verse, en definitiva, es quién pagará los costos: todos los contribuyentes, como hasta ahora, o sólo los usuarios y las empresas resignando algo de rentabilidad.

