Otra gestión en el ostracismo
La actual ausencia de gestión en la Municipalidad de Córdoba remonta a los días en que Germán Kammerath se encerraba en el Botánico. Virginia Guevara.
La última vez que los cordobeses escucharon la voz de Daniel Giacomino fue el 1° de marzo, cuando –entre preparativos de su fallida participación en el semi maratón de París– asumió ante el Concejo Deliberante su plena responsabilidad por la pérdida de clases de los chicos de las escuelas municipales. Desde entonces, ni siquiera envió mensajes por Twitter. Los voceros del intendente no hablan, su equipo de prensa casi no informa, la mayor parte de sus funcionarios no ofrece la más mínima contención a los problemas –ni asume responsabilidades– de modo que el disgusto de los vecinos va directo a la figura del intendente.El nivel de ostracismo de la gestión municipal remonta sin escalas a los largos días en que Germán Kammerath se encerraba en el Jardín Botánico, mientras los cordobeses se preguntaban quién gobernaba, si es que alguien efectivamente lo hacía.Como entonces, la soledad política del actual intendente es casi total. Como en aquellos días, la ciudad de Córdoba es una lágrima: las ambulancias no llegan, las cloacas desbordan, los baches crecen, el jueves dejó de funcionar el único camión desobstructor, los yuyos están de-saforados por la humedad y una amplia zona del sur de la ciudad está al borde de la rebelión por la continuidad del enterramiento sanitario. Por una razón u otra, esta semana se sucedieron los cortes de calle vecinales. Para peor, hay una diferencia de peso a favor de Kammerath: más allá de sus notables desaciertos, en 2002 había quebrado el país y lo raro hubiera sido que la Municipalidad de Córdoba estuviera bien. Hoy, la situación de abandono que registra el espacio urbano se da en paralelo con un altísimo nivel de ingresos, el supuesto apoyo económico de la Provincia y la Nación, y una economía municipal ordenada.En otras palabras: no falta plata; lo que está a la vista es una ausencia casi total de gestión puertas adentro del Palacio 6 de Julio.La ausencia de cuadros técnicos, la improvisación y el constante movimiento de un área a otra para reemplazar a los cientos que fueron renunciando, las sucesivas alianzas políticas traducidas siempre en la "entrega" de cargos jerárquicos a los ocasionales socios políticos del intendente, y la crónica dificultad para obtener respuestas eficientes de los empleados municipales lograron un resultado demoledor. Ayer renunció el equipo de Educación, rendido ante la evidencia de que hay chicos que siguen sin clases y de que el agua bendita que supo promocionar la esposa del intendente, Gabriela Almagro, no da resultado cuando no se hacen –por olvido, por vacaciones o por desatención– las obras imprescindibles.Lo extraño del caso es que en las áreas de obras y servicios públicos siguen todos en sus puestos, pese a que el intendente ya se cansó de pedir disculpas por lo que no se hace o se hace mal.

