Nuevos carteles, las mismas quejas
La protesta en Córdoba fue pacífica y con menos mensajes agresivos hacia la Presidenta que en las dos anteriores. También hubo consignas inesperadas. Una de las mejores de ayer fue: “Viva el Papa”. Lucía Guadagno.
En el tercer cacerolazo multitudinario contra el Gobierno de Cristina Fernández, las consignas de los carteles se actualizaron en función de las últimas noticias, pero las quejas continuaron siendo las mismas. Los protagonistas, en su mayoría de clase media, se movilizaron ayer en la ciudad deCórdoba hartos del Impuesto a las Ganancias a los empleados, de la corrupción, de la impunidad, de no poder comprar divisas o de estar obligados a sortear cada vez más obstáculospara poder viajar al exterior."Somos trabajadores y nos llevan toda laplata", se quejaba Claudio Rimada, que estaba junto a su mujer, Alejandra y sus hijos; los dos son empleados de comercio. "Se llevan puesto a todo el mundo. Nos extorsionan con los impuestos y después te dicen a dónde tenés que ir de vacaciones", gritaba en medio del ensordecedor ruido de cacerolas y cornetas Ignacio Sampo, odontólogo, que tenía en alto un afiche color amarillo en el que se leía: "Cristina, devolvé los euros ya". Para la anterior protesta, el 8 de noviembre último, su afiche decía: "La Constitución no se toca". Ciega o tuerta. Además de mensajes en contra de la corrupción, muchos llevaban carteles con críticas a la reforma judicial impuesta por el kirchnerismo en los últimos días. "Por una Justicia ciega, no 'tuerta'; "Democratizar la justicia es mentira. Cristina busca impunidad"; "Sin Justicia no hay derechos", decían algunos mensajes. También hubo, como en las protestas anteriores, consignas inesperadas. Una de las mejores ayer fue: "Viva el Papa".La protesta fue pacífica y con menos mensajes agresivos hacia la Presidenta que los que se pudieron escuchar en las protestas del 13 de septiembre y el 8 de noviembre. Y, por tercera vez, las referencias a la "dictadura" o "dictadura" no dejaron de resultar contradictorias con el hecho de manifestarlas en la calle, con total libertad, sin que nadie lo impidiera.

