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Menos competitivos que anteayer

La Presidencia ya anunció a través de Guillermo Moreno que este será el año de la competitividad. Adrián Simioni.

24 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Menos competitivos que anteayer

La Presidencia ya anunció a través de Guillermo Moreno que este será el año de la competitividad. No ha dicho cómo. Apenas, el mismo Moreno, blanqueó anteayer que parte del paquete será acelerar la devaluación del peso. La misma moneda en la que ellos quieren que todos ahorremos. Como ya lo han dicho suficientes economistas, devaluar podrá dar algo de aire a las empresas exportadoras y a las ya pocas que compiten con los productos importados, raleados por las trabas comerciales. Pero, si Cristina Fernández no desactiva el modelo de acumulación inflacionaria, la carrera será corta. Más temprano que tarde, los precios treparán nuevos escalones, las empresas estarán bajo presión de mayores salarios, los costos serán incompatibles con el "dólar Moreno", el atraso tarifario se multiplicará y se necesitarán mayores subsidios públicos para cubrirlos, lo cual ampliará el déficit fiscal y volverá a exigir al Banco Central la emisión de dinero. Más inflación.Mejorar la competitividad requiere cosas más complejas que sólo devaluar. Devaluar sólo sirve para sincerar que uno se ha vuelto menos productivo. Para no tener que volver a devaluar, hay que ganar productividad, que es la competitividad de los países ricos y las poblaciones educadas. Y no es fácil.Ayer nomás se conocieron varias pequeñas grandes muestras. Al revés de lo que se dice, todas ellas tienden a hacernos menos competitivos que lo que éramos anteayer. Por ejemplo, el Gobierno elevó al 35 por ciento los aranceles de importaciones para un centenar de productos. Es decir, profundizó el proteccionismo: 35 por ciento es el máximo posible. Es un permiso para que los productores locales de esos bienes los encarezcan 35 por ciento. Ellos cerrarán sus números, pero a millones la vida se les encarecerá un poquito. Menos competitividad. ¿Le ha servido al Gobierno restringir importaciones para fomentar, como dice, la industrialización? El año pasado no, según datos que también se conocieron ayer: el país exportó 3 por ciento menos que en 2011. Las cantidades exportadas de manufacturas industriales cayeron 5 por ciento y las de manufacturas agropecuarias 8 por ciento. Las únicas que subieron en cantidad fueron las exportaciones de productos primarios (1 por ciento). El modelo de matriz productiva se primarizó un cachito con el proteccionismo industrial de 2011. No es competitivo.Pero, además, también cayeron las importaciones (7 por ciento), con lo cual comerciamos con el mundo una porción menor a la del Producto Interno Bruto (PIB) que hace un año. Argentina desperdicia así un poquito más de las ventajas que implica el comercio –haga usted todas las salvedades que quiera– para la productividad social desde que el hombre es hombre. También ayer, Hugo Moyano se pronunció por la inevitabilidad de los ajustes salariales semestrales con esta inflación. Otro desincentivo, por ejemplo, para quien quiera invertir en actividades que requieran mano de obra más o menos intensiva. En casi cualquier lugar del mundo las industrias ni siquiera dependen de Gobiernos que calienten o enfríen los salarios. Negocian mano a mano. Acá, además, esto sucedería dos veces al año. Más incertidumbre. La inversión industrial ya viene retraída. Las cifras de Indec de ayer dicen que las importaciones de bienes de capital (bienes que sirven para fabricar otros bienes) en 2011 cayeron 13 por ciento. De nuevo ayer. Se supo que el mayor campo petrolero del país, Cerro Dragón, con su producción muy menguada desde el conflicto sindical del año pasado, sigue sin recuperarse. La operadora, PanAmerican Energy (PAE), se niega a hacer las inversiones necesarias bajo el nuevo "marco regulatorio" provincial, que en realidad es un aumento de regalías del 12 al 16 por ciento. Es una ­pequeña muestra más de los costos crecientes que impone el Estado desbocado al resto de la economía. Según nos enteramos ayer, hasta la competencia política por la conducción de los municipios del país promete ser menos competitiva. La Jefatura de Gabinete podrá repartir a su antojo auxilios financieros a cualquiera de los 2.516 municipios del país. Para garantizarse alineamiento de los intendentes en las legislativas nacionales, la Presidenta premiará de este modo a los peores intendentes (los que incurren en desequilibrio fiscal y transfieren su peso muerto a la ya poco competitiva economía). Lo que sí será menos competitivo que nunca serán las elecciones legislativas, puesto que el oficialismo desviará de este modo el presupuesto público para su campaña, cosa que no pueden hacer los opositores ¿Cómo podrían competir?