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Una lucha por el poder con iguales reclamos

El congreso para definir la conducción de la CGT oficialista ingresó en cuenta regresiva, pero la pelea por el poder no se detiene. Luis Kempa.

02 de octubre de 2012 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Una lucha por el poder con iguales reclamos

El congreso para definir la conducción de la CGT oficialista ingresó en cuenta regresiva, pero la pelea por el poder no se detiene. Las idas y vueltas de los sectores antimoyanistas para repartirse una porción de poder dejan en evidencia que la Casa Rosada no tenía nada armado cuando decidió en junio pasado romper la relación que por años los unió con el camionero Hugo Moyano.Fueron los Kirchner quienes llevaron al dirigente al trono de la CGT, pese a que él había votado a Adolfo Rodríguez Saá en las presidenciales de 2003. Durante años, el kirchnerismo y Moyano tuvieron una alianza que parecía indestructible. Pero la muerte de Néstor, primero, y los reclamos del sindicalista por espacios de poder, después, pusieron fin a esa relación.El 20 de junio, marcó la ruptura definitiva, cuando el Gobierno mandó a la Gendarmería para que desalojara a los camioneros que, en un paro por las paritarias, habían bloqueado la refinería de YPF en La Matanza. Después vendría el acto en Plaza de Mayo y el congreso que ratificó a Moyano como jefe de la central obrera opositora. El sindicalista, que lanzó la semana pasada su propuesta política en Córdoba, quedó con una tropa menguada, pero el poderoso Sindicato de Camioneros cuenta con 200 mil afiliados en todo el país.Ahora, a menos de 48 horas del congreso que definirá la conducción de la llamada CGT Alsina (o Balcarce, por lo oficialista), los ex aliados de Moyano, agrupados en el Movimiento de Acción Sindical Argentino (Masa), reclaman junto al gremio de los metalúrgicos que el titular de la UOM, Antonio Caló, sea el único secretario general. Otros grupos piden un triunvirato y hasta se sumó una propuesta de un cuerpo colegiado de cuatro miembros.La pelea por el poder es incesante, pero los líderes de la futura CGT, que se alumbrará al calor del oficialismo, no creen –como el moyanismo– en la inflación que da el Indec. Según el organismo oficial, hasta agosto inclusive el índice de precios al consumidor trepó un 6,8 por ciento. Y la inflación interanual, un 10 por ciento.El propio Caló dice que la inflación que mide el gremio con su canasta básica metalúrgica está entre el 23 y el 24 por ciento. Un punto menos de la inflación que, según la Presidenta, "si fuera cierta, haría estallar al país".El promedio del 24 por ciento con el que cerraron las paritarias este año es la prueba incontrastable de que la inflación se sitúa en ese porcentaje y no en los mentirosos números del Indec, en los que ni siquiera el sindicalismo oficialista cree.Pero también el pedido por el aumento del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias y la universalización del pago de las asignaciones familiares es un reclamo que une por igual a moyanistas y antimoyanistas.Lo cierto es que si mañana se elige la CGT Balcarce, habrá cinco centrales sindicales en el país. La oficialista, la opositora de Moyano, la Azul y Blanca de Barrionuevo, la CTA oficialista de Hugo Yasky y la opositora de Pablo Micheli. En Córdoba, la CGT oficialista –que reúne a 80 gremios– se mantiene prescindente de la pelea nacional y dejó en libertad de acción a sus integrantes para alinearse con quienes prefieran. En esa central obrera que conduce el delasotismo, conviven kirchneristas y moyanistas, entre otros sectores.La CGT Rodríguez Peña quedó como baluarte del "moyanismo" local, aunque también la integran poderosos gremios kirchneristas.