La reestructuración en tiempos violentos
Los ciclos existen y esta vez la suerte no estuvo de su lado. Sabrina Corujo
Muchas veces la administración K logró beneficiarse del "viento de cola positivo que soplaba desde el exterior", pero los ciclos existen y esta vez la suerte no estuvo de su lado. En gran parte, porque se jugó demasiado con los tiempos y la crisis internacional, lógicamente.
Aunque es válido el dicho "mejor tarde que nunca", también es claro que un escenario internacional positivo hubiese sido un marco más amigable para que los funcionarios de Economía se paseen por el mundo en busca de adhesiones al canje de deuda. Con este marco, ¿cuál es la factura que deberá pagar el país? Hay varias partes.
La primera tiene que ver con el nivel de aceptación. La mayor aversión al riesgo que se disparó en el mundo e impulsó fuertes correcciones en los títulos locales afectó el valor de la oferta: en dos semanas, perdió más de tres dólares. Quedó por debajo del "atractivo" 52,5 (mayoristas) y 56,5 dólares (minoristas) que llegó a fines de abril.
El análisis ahora es más complejo. Por una parte, la baja podría reducir la aceptación pero, por otra, los inversores minoristas (afectados por la mayor volatilidad mundial) podrían decidir ingresar, al aumentar la preferencia por activos líquidos. Así, no tendrían que esperar otra oferta o a la Justicia.
Por ahora, el nivel de aceptación del 75 por ciento continúa siendo posible. Dependerá, en gran parte, del humor de los minoristas.
El otro tema se relaciona con los mil millones de dólares frescos que se buscan obtener con el Global 2017. El Gobierno juega al máximo con los tiempos para definir cual será su postura. Hoy, a precios de mercado, conseguir menos del 10 por ciento de tasa (la deseada) es una "misión imposible". Un bono similar estaría entre 11 y 12.
La "pelota" está del lado de Amado Boudou y su equipo, aunque, con la volatilidad actual, la situación puede cambiar en unas ruedas. Si las aguas se tranquilizan, una tasa como la que busca "mostrar" el Gobierno sería muy probable en un par de semanas. Si no, la tasa actual podría dispararse más.
El último punto tiene que ver con el día después del canje. Aun con resultado exitoso, una crisis que continúe en Europa y que arrastre a los mercados opaca la visión de mediano plazo para Argentina. No porque se tema un default sino porque el país no podría capitalizar el resultado de un canje exitoso. Si el mundo sufre y la aversión al riesgo se dispara, no importa donde estemos, las consecuencias llegarán igual.
Además, el canje es una condición necesaria para normalizar las relaciones del país con los mercados internacionales, pero no es la única.

