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La Navidad de los usurpadores

Está claro que Schiaretti pretende anticiparse al impacto mediático de la Navidad de los usurpadores, que promete imágenes de un brindis a media luz y entre carpas. Daniel Alonso.

27 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
La Navidad de los usurpadores

El golpe de timón que el gobernador Juan Schiaretti protagonizó ayer apunta en varias direcciones, aunque la matriz sigue siendo política, con el crónico déficit habitacional como telón de fondo. "Estas situaciones de usurpación y el modus operandi de Tupac Amaru nos obligan a tomar una decisión. De lo contrario, esto no va a terminar más", se sinceró ayer un funcionario provincial.Está claro que Schiaretti pretende anticiparse al impacto mediático de la Navidad de los usurpadores, que promete imágenes de un brindis a media luz y entre carpas.Tampoco quiere sumar más costos políticos, como el que implicaría un desalojo traumático a personas que hace más de cinco años esperan la prometida vivienda.A esta altura, si algo le faltaba al deshilachado Hogar Clase Media era un incontrolable brote de usurpadores, aun cuando los beneficiarios piensen que a ellos ya les han usurpado las esperanzas. Y si bien muchos funcionarios están convencidos de que la gran mayoría de los adjudicatarios carece del impulso cultural de ocupar tierras de manera ilegal, tampoco ponen las manos en el fuego.La irrupción de la organización Tupac Amaru puso nerviosos a varios. La agrupación no sólo instruye a los beneficiarios en las tácticas de ocupación, sino en una estrategia integral en la que busca ganar adeptos.Es que no todos los adjudicatarios miran con buenos ojos las tomas y la injerencia de los militantes que coordina Sergio Costigliolo, cuya fortaleza de persuasión es la posibilidad de conseguir fondos para hacer las casas que, hasta ahora, ni la Provincia ni la Nación levantaron.Con el anuncio de ayer, Schiaretti también está intentando bloquear el grifo alternativo que significaría la entrega de recursos de la administración kirchnerista a Tupac Amaru para construir las viviendas que a dúo prometió con el ex gobernador José Manuel de la Sota.De todos modos, esto no implica desconocer la gravedad institucional que supondría el otorgamiento a una organización afín, de manera discrecional y arbitraria, de fondos que fueron comprometidos hace cinco años para que sean coadministrados por la Provincia.La experiencia ha demostrado hasta ahora que, pese a las amenazas, a la Nación no se le ha movido un pelo, ni siquiera cuando dos años atrás mostró la zanahoria de algunos anticipos de obra para empresas con contratos firmados.Por ahora, Schiaretti terminaría su gestión cortando la cinta de apenas 6,25 por ciento de las viviendas originalmente prometidas en 2005. Entonces, es posible que piense que vender las tierras a los beneficiarios, aunque no borrará la mancha, la cambiará de color.Al fin de cuentas, podría ser el menor de los males para intentar aliviar uno de los dolores de cabeza más agotadores de las gestiones de Unión por Córdoba, además de evitar dejarle el plato servido a la oposición y complicar las aspiraciones de De la Sota en 2011.