La insoportable levedad del ser... opositor
Amplias franjas de la oposición son tan proclives a criticar el "modelo" como reacias a decirle al electorado todo lo que habría que hacer para revertir su infatigable decadencia.
"Se está o no se está con el modelo", dijo Daniel Scioli. Se puede creerle o no creerle. En general, se interpreta que Scioli mueve la cola sobre el felpudo de ese modo porque Cristina Fernández no logró gestar un heredero. Y ya no tendrá tiempo para hacerlo. Scioli corre sobre esa recta final. Es el último servicio que le prestará al cristinismo –pese a tanta extorsión y agravio– para quedarse con su porción menos ideologizada en 2015. Si es que la torta completa no se va antes con Sergio Massa. Pero en su frase hay algo de verdad. Sobre todo si se aplica al abanico brumoso de la oposición, donde amplias franjas son tan proclives a criticar las evidencias del agotamiento del "modelo" como reacias a decirle al electorado qué haría para revertir la lenta e infatigable decadencia del "proyecto".El caballito de batalla es la inflación. Pues bien, para bajarla el Banco Central debería dejar de emitir. Hasta allí llega la mayoría opositora. Calla lo demás: el Central emite porque desde hace 10 años el Poder Ejecutivo no paga sus deudas. Las paga el Central. Y desde hace tres años, el resto de los gastos del Ejecutivo se financia cada vez más con emisión del Central. O sea: para parar la inflación hay que, cuanto menos, congelar el gasto público (sueldos, jubilaciones, subsidios, contratos) o subir impuestos.Lo primero no se dice porque implicaría ponerse en contra al "partido estatal", el único que en verdad gobernó siempre el país. Y decir lo segundo chocaría con otro clamor opositor: el del Impuesto a las Ganancias sobre los asalariados. Un mínimo de honestidad intelectual debería plantear que, cada punto que se resigne en ese ingreso obligará a aumentar en un punto otro impuesto o a reducir el gasto público en un punto extra. Otro ejemplo es el de la energía o el transporte público. Está bárbaro decir que hay que sincerar los precios para incentivar a productores y concesionarios. Pero no está bien callarse que, para eso, hay que blanquear el verdadero precio de los servicios públicos, particularmente en Capital Federal y Gran Buenos Aires, donde tanto oficialistas como opositores necesitarán, por los siglos de los siglos, descollar en elecciones si quieren llegar a alguna parte.Y ni hablar de las críticas por el olvidado 82 por ciento móvil de las jubilaciones y el alto nivel de empleo en negro, que son contradictorias entre sí. Para blanquear empleo hay que reducir impuestos al trabajo. Pero eso es desfinanciar al sistema jubilatorio al que se le pide pagar el 82.Al final, es como dice Scioli: si alguien quiere cambiar, debería juntar coraje y decirlo con todas las letras.

