Temas del día:

Indicios de un nuevo diálogo

La presunción de nuevos tiempos se asienta en que Arancedo, de estilo dialoguista, es un viejo conocido de la Presidenta. Horacion Serafini.

11 de noviembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Indicios de un nuevo diálogo

Un mayor diálogo, aunque con sus diferencias sobre las cuestiones de fondo, es la expectativa que abre la nueva conducción de la Iglesia Católica en su relación con el Gobierno nacional. El primer gesto ha sido promisorio. Sorprendió a la cúpula episcopal que, apenas horas después de haber sido elegida y solicitado la audiencia con la Presidenta, la respuesta haya sido rápida y el encuentro, en menos de 48 horas.Cooperaron en ese sentido las características del monseñor santafesino José María Arancedo. Es un moderado y dialoguista, cuyo mandato (2011-2014) coincidirá con el del segundo gobierno de Cristina. A diferencia del estilo frontal que tuvo su antecesor, durante nueve años, los que lleva el kirchnerismo en la Casa Rosada, el cardenal Jorge Bergoglio.La celeridad en concretar el encuentro puede ser indicativa, también, del interés presidencial por restablecer el diálogo con la Iglesia Católica, aun cuando ni el Gobierno ni la institución religiosa releguen posiciones, sobre temas controvertidos como la despenalización del aborto y la ley de eutanasia. También sobre el restablecimiento de una vicaría para las Fuerzas Armadas, que eliminó Néstor Kirchner cuando echó al obispo castrense Antonio Baseotto por atacar al entonces ministro de Salud, Ginés González García, de quien dijo que merecía ser "lanzado al río", en una alusión a los vuelos de la muerte durante la dictadura. El primer paso fue posible también porque entre la Presidenta y Arancedo hay un conocimiento previo. Primo hermano de Raúl Alfonsín, cuyo responso en el Congreso tuvo a su cargo, Arancedo compartió con Cristina el viaje que hace dos años hicieron al Vaticano para recordar los 30 años de la mediación papal con Chile por el conflicto del Beagle.Son, en definitiva, indicios que permiten pronosticar un cambio, después de años de frialdad y hasta de tensión con Bergoglio a la cabeza de la Iglesia Católica.