Idas y vueltas del modelo K
Si Néstor Kirchner entró en la historia argentina aun antes de morir fue, entre otras cosas, por tres grandes aciertos políticos. Javier Cámara.
Si Néstor Kirchner entró en la historia argentina aun antes de morir fue, entre otras cosas, por tres grandes aciertos políticos: La implementación de un modelo político-económico que, favorecido por la coyuntura internacional, le permitió al país salir de la peor crisis de su historia, crecer durante ocho años seguidos a una tasa de entre siete y ocho por ciento, y favorecer a sectores históricamente desprotegidos que lo premiaron con su apoyo electoral. El impulso político determinante (mediante la anulación de las denominadas leyes del perdón) para que la Justicia Federal avanzara en los juicios a los responsables de delitos contra los derechos humanos y la represión ilegal durante la dictadura, para regocijo de una mayoría de argentinos que hoy –como no ocurría años atrás– valoran la búsqueda de memoria, verdad y justicia. La presión política con la que logró, desde el Poder Ejecutivo y con acompañamiento mayoritario del Legislativo, cambiar la integración de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, desprestigiada por (valga la repetición) el desprestigio que se había ganado la denominada mayoría automática menemista. El propio Néstor Kirchner y después su sucesora, Cristina Fernández, ponderaron en reiteradas ocasiones la calidad de los nuevos integrantes del máximo tribunal nacional. Pero la luna de miel no duró para siempre. Con el correr de los años y merced a que algunos de los fallos del Alto Cuerpo no favorecieron los intereses del poder central, Néstor y Cristina pasaron del elogio a la crítica. Hoy son enemigos.No fue el único cambio de parecer. Y no es casualidad. Hace siete años, con Néstor presidente y Cristina senadora, el oficialismo reformó el Consejo de la Magistratura para reducir la cantidad de sus miembros de 20 a 13, como es en la actualidad. Pero ahora, con Cristina enojada con la Corte y con algunos jueces que no hacen lo que el modelo precisa, el Gobierno rebobina, amplía la cantidad de los miembros del organismo que puede destituirlos y establece que quienes tengan en el futuro esa responsabilidad sean elegidos por el voto popular.Se trata de una estocada que puede resultar mortal para la independencia judicial en la Argentina. ¿O acaso a alguien se le ocurre que un consejero elegido por la mayoría hará algo que no les convenga a los jefes políticos de esa mayoría que lo votó?

