"Hay un reposicionamiento de los factores de poder"
El escritor Santiago Kovadloff sostiene que las marchas de indignados y el paro contra el Gobierno nacional son convergentes. Reivindica las motivaciones sectoriales como agentes de cambio político.
Santiago Kovadloff es, sobre todo, un pensador. Dialogar con él y abarcar la profundidad de sus expresiones exige un gran ejercicio de concentración, similar al necesario para desandar la historia argentina. Pero vale la pena detenerse para asomarse a su análisis de la realidad del país, aún conmovida por las manifestaciones del 13–S, del 8–N y por el paro nacional del martes pasado.
–Parece que una parte del gremialismo está disgustada con el Gobierno nacional.
–Este paro nacional tiene un repertorio de sentidos posibles; no se agota en una mera manifestación contra el Gobierno en términos de un reclamo económico y salarial.
La primera impresión que me produce, además de lo ya mencionado, es que es un paro convergente con el sentido de las manifestaciones del 8–N y del 13–S. Convergente porque desde el gremialismo se le está planteando al Gobierno un alejamiento fundamental de los acuerdos que hacen posible la convivencia y la coexistencia. La clase obrera, a través de sus dirigentes, le está indicando a la oposición que tiene con ella algunos puntos de coincidencia fundamentales que giran en torno a que el Gobierno pierde representatividad a medida que se aparta de los sectores protagónicos de la vida social, esto es, la clase media por un lado y la clase obrera por el otro. Se le está diciendo a la oposición y al oficialismo que hay un reposicionamiento de los factores de poder en la Argentina, entre ellos el poder sindical.
–¿Cree que la sociedad Argentina ha sido partida por las políticas kirchneristas?
–En términos de representación sectorial, creo que quienes se manifestaron en las calles el 13–S y el 8–N, si bien son un sector de la clase media, es un sector mayoritario. Lo que ocurrió con el paro nacional, también fue mayoritario porque convergieron no sólo sectores que lidera Hugo Moyano, sino, también, otra central gremial y sectores del campo, por ejemplo. No obstante, no cabe ninguna duda de que el país está fragmentado, y lo está porque falta aptitud convivencial para resolver los conflictos... falta política. Hay, en cambio, una fuerte propensión a la beligerancia irreductible que pone de manifesto la ausencia de política. Y una de las usinas productoras de inviabilidad política es el oficialismo, en la medida en que concibe a sus adversarios no como parte complementaria de su gestión sino como antítesis definitiva de sus posibilidades de gestionar. Esto enferma a la política y convierte a los enunciados de una y otra parte en expresiones de un desacuerdo que no parece tramitarse por la vía del diálogo.
–Este fenómeno no es nuevo. Hoy se enaltece la figura de Néstor Kirchner argumentando que dialogaba más que su viuda; pero también se lo cuestionaba por dividir.
–Coincido, pero en Néstor Kirchner se podían advertir dos pasos sucesivos, mientras que en la Presidenta sólo uno. Kirchner iba al choque para ver si generaba condiciones propicias para una interlocución posterior que le permitiera consolidar su hegemonía. Cuando esto no era posible, volvía al choque. En cambio, en la Presidenta, y en sus seguidores, hay una tendencia hacia la confrontación hacia el choque, pero no a la generación ulterior de espacios de interlocución de los espacios con los cuales confronta. Esto me parece que es un signo distintivo entre ambos. Néstor Kirchner solía decir que a su esposa era imprescindible no llevarle problemas sino soluciones. En un año, la Presidenta parece haber disminuido notablemente su capital político por las dificultades que encuentra para vehiculizar por vía de las negociaciones imprescindibles.
–¿Qué impulsó a la clase media y a los trabajadores a salir a la calle?
–Creo que en el orden de las motivaciones de las acciones públicas de parte de un sector determinado siempre hay un entramado muy difícil de especificar. Yo no descartaría ningún motivo. Ni los que tienen que ver con la necesidad de que el Gobierno reinscriba sus conductas y procedimientos en el campo de la ley y de la convivencia, ni aquellos que tienen que ver con intereses específicos de un sector. Por otra parte, no creo que le quiten legitimidad a una propuesta las reivindicaciones de orden sectorial. El problema, para mí, consiste en saber si los sectores que por distintos motivos salen a expresarle al Gobierno sus discrepancias, tienen o no tienen conciencia política más allá de la pura conciencia corporativa o sectorial. La tragedia de la Argentina es que las reivindicaciones sectoriales, incluidas las del propio Gobierno, suelen ser expresión de una fuerte segmentación sin finalidad de integración.
–En su análisis del 8–N se lo nota más preocupado por la ausencia de un referente o de un proyecto político opositor, que por lo que pueda hacer el Gobierno...
-Así es, porque la política en el orden democrático republicano funciona sobre la base de la alternancia, y la alternancia sobre la posibilidad de la presencia de fuerzas que sin ser idénticas o sin coincidir en todo, comparten un ideal constitucional y distintos puntos de vista acerca de cómo administrar la gestión que corresponde llevar a cabo dentro de la constitución. Creo que esa alternancia está comprometida, no sólo por el autoritarismo del Gobierno; está comprometida por la ausencia de protagonismos significativos que permitan encauzar los reclamos sociales. Ahora, esto es lo que hace a las figuras nuevas que puedan haber aparecido dentro de los partidos. El sindicalismo se está reposicionando y el peronismo no kirchnerista también. Allí hay liderazgos en potencia que tienen configuradas las estructuras como para llegar a constituirse en alternativas posibles. Pero eso significaría que si el peronismo está llamado a ser la alternativa del peronismo estaríamos dentro de un modelo de alternancia ficticia, donde habría moderación de ciertas conductas actuales, pero expresión, al fin y al cabo, de un unipartidismo tan peligroso como el que sigue existiendo actualmente.

