Hay rentabilidad, falta previsibilidad
Hoy el campo disfruta de un momento de rentabilidad. Alejandro Rollán, enviado especial.
Enviado especial
Hoy el campo disfruta de un momento de rentabilidad. Los productores lo reconocen, pero admiten que es consecuencia de los desaciertos oficiales y no de la adopción de una política productiva.
Que el ternero tenga una cotización actual 90 por ciento mayor que el año pasado no es fruto de una exportación que compite con el consumo interno. Se debe a una caída en el stock de vacunos, que, según admiten los especialistas, se redujo en ocho millones de cabezas. La intervención sobre los mercados y la sequía hicieron que en los últimos años muchos ganaderos trabajaran a pérdida.
Con la leche sucede algo parecido. Por estos días, los tamberos reciben 1,35 peso por litro de leche (80 por ciento más que hace un año), debido a una menor oferta en los primeros seis meses del año, generada por la sequía y no por estímulos en la comercialización.
Más allá del veranito que imponen los precios, fruto de más errores que aciertos, los productores siguen reclamando previsibilidad para sus inversiones.
Los números dan para producir más carne y leche, pero la agricultura sigue siendo la única que aporta seguridad. Para ellos, las cuentas son simples. Un campo en la provincia Córdoba, con aptitud para todas las producciones, puede producir por año seis mil litros de leche por hectárea que, a los valores actuales, representan un ingreso anual de 8.100 pesos por hectárea. Con un costo directo de alrededor de 4.500 pesos, la ecuación es positiva. Lo mismo ocurre para la ganadería. Allí se pueden producir 800 kilos de carne por hectárea que, a los valores actuales del novillo, representan 5.600 pesos por año. Con un gasto de producción de tres mil pesos, el negocio también es rentable.
La agricultura quizá sea hoy la que menos dinero aporta. Una soja con un rendimiento de 35 quintales por hectárea y un costo de alrededor de 10 quintales (mil pesos) en campo propio aporta a los valores actuales 2.500 pesos. Pero sigue siendo la actividad más segura, más allá del clima.
El productor que decide darles valor agregado a los granos y pretende hacer más kilos de carne debe invertir cuatro mil pesos por hectárea. Es lo que cuesta la compra de dos novillos e implantar la pastura para engordarlos. Pero nadie le asegura que dentro de 12 meses, cuando los novillos estén gordos, la exportación de carne estará abierta. O si comienza a producir leche, dentro de un año una intervención oficial sobreoferta el mercado interno, como ocurrió en 2008, y los precios se desploman.
Más allá de lo que ocurra con las retenciones, en el campo también están preocupados por el mediano plazo. Sin reglas claras, la agricultura -en especial la soja- seguirá siendo la que marque las preferencias.

