Frente a otra oportunidad
Ramón Mestre ganó la intendencia de la capital provincial con el 35 por ciento de los sufragios. Antes, fue concejal y senador nacional. La relación con el gremio, los déficits de las empresas Crese y Tamse y las necesidades crecientes de la ciudad serán los grandes desafíos de su gestión.
Cuando los cordobeses miran la política hacia atrás, encuentran los mejores recuerdos de los radicales en sus gestiones municipales en la capital provincial. Fueron 16 años que dejaron huella. Ramón Bautista Mestre gobernó la ciudad entre 1983 y 1991 y quedó instalado como un hacedor. Rubén Martí tomó la posta desde el '91 hasta 1999 y dejó su impronta en la acción social. Las gestiones que vinieron después contribuyeron a revalorizar aquellos gobiernos.Seguramente estas comparaciones –además del peso de su apellido y de la división del peronismo– contribuyeron para que Ramón Javier Mestre haya devuelto a la UCR al poder municipal que acaba de asumir. En septiembre pasado, ganó las elecciones con más del 35 por ciento de los votos, una cifra utópica para la mayoría de sus correligionariosPero las cosas no son tan simples. En sus años mozos, el primogénito del ex intendente hacía poca política, y más tras bambalinas que en público. Muerto su padre, en 2003, se lanzó a escribir su historia. El apellido lo ayudó, pero no le abrió todas las puertas: la primera interna que disputó, la perdió a manos de algunos amigos de su padre. Dos años después, debió enhebrar una amplia alianza para quedarse con el Comité Capital. A partir de allí, comenzó a subir los escalones de a dos en el viejo partido. Fue candidato a intendente en 2007, salió segundo y entró como concejal. Dos años después, se lanzó al Senado de la Nación, volvió a salir segundo –cuando muchos le pronosticaban que se estrellaría contra la pared– y ganó la banca. La historia reciente lo depositó en el despacho grande del Palacio 6 de Julio.El diminutivo "Ramoncito", con que unos lo nombraban con cariño y otros en forma despectiva,quedó atrás. Igualmente, las comparaciones son inevitables. El nuevo intendente tiene mucho de su padre, que fue su maestro. Como él, es decidido y pragmático, y ambicioso, tal vez más que él.En los comienzos de su campaña para las elecciones que ganó, practicó tiro al blanco con el Suoem y su conductor, Rubén Daniele. Sabía que interpretaba el deseo de muchos cordobeses que quieren un cambio en las relaciones de poder en el municipio. Luego fue bajando los decibeles, aun sin cambiar sus ideas sobre las rela-ciones con los agentes y el gremio. Es que, aunque esté decidido a marcar la cancha y evitar desbordes, la herramienta del diálogo siempre está a mano, y en democracia, es lo primero. Cosa del destino, deberá tratar con el mismo conductor gremial con el que su padre a veces peleó y otras acordó, casi 30 años atrás.A gestionar. A Mestre le esperan varios desafíos: la sobredimensionada planta de agentes y los cientos de monotributistas que buscan su lugar en el mundo laboral; la difícil relación con el gremio; los déficits de las empresas Crese y Tamse y los posibles conflictos que provocaría la aplicación de los cambios que propuso cuando era candidato (privatizar el servicio de transporte de pasajeros que presta la Tamse y dividir en dos la recolección de residuos y limpieza de la ciudad que hace Crese); las necesidades crecientes de una ciudad a la defensiva y el presupuesto que no alcanza para tanta materia pendiente. También asume la prueba de mostrar destreza como ejecutor luego de haber ocupado sólo cargos legislativos.Las relaciones institucionales a cultivar le resultan tan importantes como el programa de gobierno que quiere desarrollar. Hacia adentro, necesita convivir con un gremio fuerte y demandante. Hacia afuera, quiere sostener vínculos fluidos con la Provincia y con la Nación. Por más eficiente que sea para administrar, necesitará más fondos de los que en principio podrá recaudar para recomponer tanto desquicio. En ese punto radica buena parte del éxito o la frustración, que seguramente quedarán a la vista en los próximos cuatro años.Su figura concentra las expectativas. Una gestión exitosa debería convertirlo naturalmenteen el nuevo líder de la UCR provincial. Y para los cordobeses, al margen de los partidismos, sería un paso imprescindible para recuperar el ámbito que años atrás era motivo de satisfacción y hasta de orgullo.

