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La feria: el ejemplo de un Estado que está y no está

No cuenta con habilitación municipal. Los feriantes intentan organizase, pero hay conflictos para decidir quién puede instalarse. El CPC sólo trata de ordenarla y pide ayuda a la Policía con la seguridad.

14 de febrero de 2011 a las 12:01 a. m.
La feria: el ejemplo de un Estado que está y no está

Todos los domingos, a partir de las ocho de la mañana, se instala una gran feria en la plaza principal de Villa El Libertador. La Plaza 12 de Octubre recibe a más de 10 mil personas atraídas por más de 400 puestos comerciales. Una especie de "Salada cordobesa", a pocas cuadras de cruzar la Circunvalación de Córdoba. Hace más de 30 años que el fenómeno existe. Allí se vende de todo y, por supuesto, también se pueden comer las comidas típicas que los pobladores de Villa El Libertador trajeron de sus provincias y países. Entre ellas, sobresalen los sabores bolivianos y peruanos. Por lo demás, hay ropa nueva o usada precios muy económicos, herramientas usadas, bicicletas y electrodomésticos usados, bijouterie para todos los gustos, discos compactos de audio y video y artículos para el hogar, entre una infinidad de productos. El horario de cierre varía según cómo esté el clima ó cómo marche la cantidad de ventas, pero todo dura aproximadamente hasta las tres de la tarde. Sin permisos. Villa El Libertador cuenta con más de 100 mil habitantes y es también unos de los barrios más pobres de la Docta. Y la feria no cuenta con ningún tipo de habilitación municipal ni provincial. El director del CPC de Villa El Libertador, Fabricio Bornancini, aceptó esta situación de ilegalidad y, pese a lo cual el municipio ha tratado de "ordenarla". "Llegamos a hacer un registro de 190 vendedores; entre ellos formaron una comisión de vendedores por rubros y armaron un registro de los feriantes para constatar que sea gente de la zona y que tenga una verdadera necesidad de vender allí". Bornancini explicó que reciben ayudan de la Policía y de los inspectores de Tránsito para mantener orden en la zona."No se puede estar exento de las leyes y ordenanzas municipales, pero tampoco se puede estar exento de las necesidades de la gente de la zona, que tiene una necesidad de hacer algo antes de salir a robar y poder llevar el pan a su casa", reflexionó Bornancini. Puja de poder. Para Navidad, el Día del Niño y otras fiestas, la cantidad de feriantes se duplica a casi 800. Y es cuando recrudecen las disputas sobre quién tiene derecho de vender allí y quién no: los que tienen más antigüedad, los más pobres, los que tengan el mejor precio, los que tienen un comercio o varios y así sigue el listado. No parece haber un parámetro claro. Algunos puesteros aseguran que muchos vendedores llegan en camionetas cuatro por cuatro demostrando que no necesitan de esta actividad para vivir. Otros, aseguran tener una profesión durante la semana pero que no les alcanza para llegar a fin de mes. Hay quienes aseguran que comerciantes de la zona los fines de semana también instalan su puesto, e incluso que grandes marcas textiles o de calzado han llegado a vender en la plaza.Ante esta situación, es obvio que hay intentos por apropiarse del derecho a seleccionar quienes pueden ser feriantes y quienes no. Por ejemplo, la gestión anterior del Centro Vecinal repartió uno carnés a los feriantes que los habilitaban a vender allí, aunque esa no es atribución de un centro vecinal.Las oficinas municipales que pueden hacerlo son las de Ferias y Mercados y de Control de la Vía Pública. No obstante, la Municipalidad brilla por su ausencia en esta tierra de nadie.El actual presidente del Centro Vecinal, Alfredo Musumeci, plantea reorganizar esta actividad y su propuesta es censar con trabajadores sociales a los feriantes para establecer un orden de prioridad respecto a quienes necesitan y viven de esta actividad. Esta práctica debería llevarla adelante la Municipalidad en conjunto con un registro sobre la venta de alimentos para poder realizar un control bromatológico.Las peleas internas se presentan cada domingo cuando alguien nuevo quiere instalarse. Sergio asegura que vende en la plaza desde hace 10 años y sostiene que hay "muchos problemas" con los inmigrantes. "No hay más lugar para nuevos puestos", asegura.José hace 21 años que es comerciante en la plaza: "Queremos que sea de la gente de zona sur y que esté necesitada la que venga acá".Esta puja de poder es especialmente económica ya que el flujo de dinero es constante y evidente. Las ganancias de los vendedores –según sus propios testimonios– varían considerablemente según el rubro y la suerte de cada puestero. Algunos dicen que por domingo ganan entre 600 y 800 pesos (es decir, por cuatro días de trabajo ganan aproximadamente tres mil pesos al mes), mientras otro asegura que su ganancia es de sólo 60 pesos por día.Sin embargo, un feriante se aventuró al decir que, por ejemplo, un Día del Niño podría llegar a vender 100 juegos infantiles que cuestan 120 pesos cada uno, es decir, una facturación bruta de 12 mil pesos, al menos en ese día particular. Competencia desleal. El presidente de la Cámara de Comercio de Córdoba, Luis Oliva, dijo que no han tenido quejas de comerciantes de la zona. Y agregó que, "en términos generales, todo lo que es la comercialización fuera del sistema, perjudica al Estado –porque no hay percepción impositiva– y a los competidores del sector privado, ya que es una competencia desigual que perjudica y debilita a quien paga impuestos. Alguien que comercia fuera del sistema lleva un 50 por ciento de ventaja". Lo cierto es que la feria es un ejemplo de cómo el Estado, en sus distintos niveles pero más obviamente a nivel municipal, optó por "no meterse", abdicando de funciones de regulación y control y de la búsqueda de alternativas superadoras tanto para los feriantes como para quienes son perjudicados por el comercio ilegal.