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La evocación y la necesidad de obrar con mesura

Con la proximidad del 30° aniversario del comienzo de la guerra de Malvinas se despierten sentimientos adormecidos de patriotismo y se refuercen los planteos ante organismos internacionales. Carlos Paillet.

09 de febrero de 2012 a las 12:01 a. m.
Carlos Paillet
La evocación y la necesidad de obrar con mesura

Es inevitable que con la proximidad del 30° aniversario del comienzo de la guerra de Malvinas se despierten sentimientos adormecidos de patriotismo y se refuercen los planteos ante organismos internacionales para que el Reino Unido reconozca la soberanía de Argentina sobre la Islas o, al menos, se siente negociar sobre la cuestión. Con todo, sería prudente que el tema Malvinas no sea utilizado como herramienta para tapar crisis internas, ni para atemorizar con mensajes destemplados.

Ayer, el ministro de Defensa, Arturo Puricelli, afirmó: “Los toleramos en Malvinas, pero si llega a venir a territorio argentino cualquier fuerza armada inglesa, vamos a ejercer nuestro legítimo derecho de defensa, y tenemos capacidades y con qué hacerlo”.

Puricelli se salió de línea, por dos motivos: es improbable que la bravuconada del primer ministro inglés, David Cameron, de mandar al Atlántico Sur un destructor de guerra, pueda derivar en un asalto al territorio argentino; como tampoco es cierto que nuestras Fuerzas Armadas estén hoy en condiciones operativas básicas para embarcarse en otra aventura belicista.

Las interpretaciones y pronósticos apresurados cruzan el escenario. Antes del discurso de la presidenta Cristina Fernández del martes, se daba casi por hecho que anunciaría la cancelación de los vuelos a Malvinas desde la región chilena de Punta Arenas, que hacen escala en Río Gallegos. Nada de eso sucederá.

Cristina no dijo nada novedoso (una versión del informe Rattembach que ordenó desclasificar ya se conoce) y optó por insistir en la única vía que le queda a la Argentina: negociaciones diplomáticas y el apego a la paz. No hay margen para nuevas aventuras.