La esquiva conclusión de Tato Bores
La partida de Borello hizo explotar en el juecismo el problema de los cheques impagos de la última campaña. Todos los que se van lo hacen dañando a Juez. Rubén Curto.
Es célebre un monólogo del humorista Tato Bores en el que, puesto a analizar la decadencia del país, paseaba su dedo acusador adjudicando la culpabilidad por tal situación a ministros, la Iglesia, la patria contratista o los bancos. El texto culminaba con el irónico descubrimiento de Bores respecto de que la responsabilidad en realidad no era de ninguno de ellos, sino de El Otro, una inasible figura, que venía como anillo al dedo para exculpar errores propios y descargarlos en terceros.Parte de esa lógica parece campear en torno del líder del Partido Nuevo, Luis Juez. Sin solución de continuidad, los mayores daños a su figura y a su fuerza política se han producido desde las entrañas mismas del partido; y la respuesta de Juez fue siempre similar: descarga todas las culpas en supuestas conspiraciones urdidas por traidores. Pero no se detuvo a revisar sus errores.Sucedió, por caso, con las partidas de sus otrora delfines Héctor Campana al delasotismo y Daniel Giacomino al kirchnerismo, y se repite ahora con la pelea con su ex amigo Rubén Borello, quien quedó en el centro del conflicto por los cheques que el partido emitió para financiar la última campaña y que todavía no pagó.Los desencuentros recientes de Juez con Borello fueron dos. El primero cuando el actual senador se quejó de que éste le había escrito el "diario de Yrigoyen", pintándole un panorama electoral de ganador, pese a que luego terminó perdiendo por 12 puntos frente a José Manuel de la Sota. "Me mintieron", refunfuñó entonces Juez.Ayer pasó de nuevo: cargó las tintas por los cheques voladores contra Borello y prometió interiorizarse recién ahora en un tema que, como jefe partidario, no podía desconocer.La trama de los cheques sin cubrir y su cotejo con campañas anteriores revela que la operatoria financiera fue siempre la misma, sólo que esta vez todo salió mal por la ruptura entre Juez y Borello. Las declaraciones de ambos dejan entrever que el problema se podría haber evitado, pero Juez eligió otra vez demonizar a sus ex socios. Esa estrategia le significa pagar el costo político de ver al Partido Nuevo autoerigido como paradigma de transparencia, explicando cómo afrontará una deuda de campaña por un millón de pesos.No siempre alcanza con poner el dedo acusador sólo en otros, sin pasar antes por el espejo. La cadena de desaciertos también incluye como protagonista al propio Juez.

