Esa disputa sorda por quién se lleva mejor con Cristina
Mestre pretende una relación aceitada con el gobernador, por un lado, y con la Presidenta, por otro. Hay que ver hasta qué punto esos objetivos son convergentes o divergentes. Roberto Battaglino.
Como en las máscaras que representan al teatro, a Ramón Mestre se le dibujaron en poco tiempo ayer una expresión de alegría y una mueca de amargura. En el origen del drama y la comedia del intendente, está su relación con José Manuel de la Sota. Primero, a Mestre le cayó muy bien anunciar un plan nacional de capacitación para que jóvenes cordobeses se inserten en el mercado laboral, justo cuando el gobernador promociona uno de sus caballitos de batalla, el Programa Primer Paso.Pero más allá de las acciones para incorporar a los chicos al mundo del trabajo, para lo cual no debería haber competencia por el cartel, lo que parece estar en juego aquí es la relación con el Gobierno nacional. Históricamente, el vínculo con la administración central correspondía a los gobernadores, pero desde que los Kirchner replantearon los esquemas políticos, luego de concentrar los recursos y dejar a los estados provinciales y municipales en posición de subordinación, ya no hay supremacía de jurisdicciones para tener un trato preferencial con la Casa Rosada. Mestre cree que el gesto de reflotar un plan de empleo, que estaba parado desde hace cuatro años, es una señal de que la Nación lo tiene en cuenta como interlocutor, en momentos en los que De la Sota está esforzándose por tener puentes que lo vinculen con ese complejo mundo del kirchnerismo. Puentes que son vitales para garantizar la gobernabilidad en la provincia, que sigue bregando por los fondos para la Caja de Jubilaciones y para programas de obra pública. Por ello, y en otras cosas, el gobernador se sumó al coro de voces que elogian la expropiación de la mayoría accionaria de YPF y se impuso un silencio sepulcral sobre el reclamo de las provincias no petroleras que exigen participación en la nueva empresa como la que tienen las petroleras sin aportar un centavo. Aspiraciones. Desde que asumió, el intendente de Córdoba apuesta por una relación fluida con el gobernador y un trato directo con la Casa Rosada. El tema es hasta qué punto ambos objetivos son convergentes y cuándo comienzan a ser divergentes. Y Mestre tiene una tercera aspiración. Quiere ser el interlocutor de los intendentes radicales ante De la Sota, algo que a muchos de sus correligionarios no les cierra demasiado, ya que están acostumbrados a entablar una relación sin intermediarios con el gobernador. Por eso, le dibujó la mueca de amargura cuando intendentes de su partido, que tienen las cuentas municipales en rojo brillante, salieron a pedirle al gobernador que emita cuasimoneda para cubrir los severos baches financieros tanto de la administración provincial como de las municipales."Es un error pedirle a De la Sota que emita bonos para cubrir los huecos que su propia gestión generó. De esa manera, nos hacemos cargo de un costo que tiene que pagar él. Una cosa es la buena relación y otra es facilitarle el camino", razonaron en el entorno de Mestre cuando leyeron que correligionarios del Gran Córdoba y del sur provincial le proponían al gobernador volver a los papeles pintados. En definitiva, lo que De la Sota, Mestre y los otros intendentes saben y no tienen margen alguno para decirlo es que parte de los problemas son intrínsecos a las administraciones que tienen a cargo, pero una buena porción es por culpa de un esquema de concentración de recursos en un Gobierno central que quiere siempre que el ajuste lo paguen los otros. Pero como no lo pueden decir, mantienen esas sordas disputas para ver quién se lleva mejor con Cristina Fernández, para quien siempre las muestras de incondicionalidad parecen ser escasas.

