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Enemigos íntimos

En su concepción del poder, para Néstor Kirchner el mundo se divide entre
 los buenos (quienes lo 
apoyan) y los malos 
(aquellos que se
 atreven a cuestionarlo). Julián Cañas.

04 de septiembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Enemigos íntimos

Néstor Kirchner entiende a la política como una carrera sin freno por amasar poder, sin importar el modo. En ese sentido, fue coherente desde que asumió como intendente de Río Gallegos, en 1987, hasta ahora que sigue siendo el hombre fuerte del Gobierno. Su estrategia es elegir siempre a un enemigo para confrontar. Según Kirchner, el mundo se divide entre los buenos (quienes lo apoyan) y los malos (aquellos que se atreven a cuestionarlo). Así de simple, así de crispado está el clima político, a 13 meses de las elecciones presidenciales. Ni bien asumió el poder, Kirchner convirtió a la política de derechos humanos en un puntal de su gestión. Esa decisión tuvo respaldo social. Una gran porción de la gente considera que no alcanzó el histórico juicio a las juntas militares para condenar los delitos de lesa humanidad que se cometieron durante la última dictadura.La segunda batalla ganada fue contra los organismos multilaterales de créditos, que durante buena parte de su mandato fueron los enemigos preferidos de Kirchner. Hasta los opositores le reconocen el acierto de mano dura en la negociación por la deuda externa.Pero también hubo derrotas resonantes. Como la batalla contra el campo. No fue un tropiezo menor. A los K les costó perder las últimas elecciones legislativas. Precisamente, luego de aquel traspié electoral, el vicepresidente Julio Cobos, autor de la célebre frase "mi voto no es positivo", fue el centro de la furia K, que lo eligió como su enemigo durante largos meses. En estos días, los medios de comunicación no oficialistas, y en especial el Grupo Clarín, son parte de las embestidas diarias de los Kirchner y de los funcionarios que compiten en la carrera por quedar bien con el matrimonio presidencial.La presidenta Cristina Fernández acusó al Grupo Clarín y al diario La Nación de cometer delitos de lesa humanidad en la operación de compra de la empresa Papel Prensa, en 1976. Esta sospecha, tan grave como difícil de probar, aparece hoy, luego de casi tres décadas de democracia y con los Kirchner gobernando desde hace más de siete años.Pero, pocos meses atrás, la propia Presidenta admitió que no siempre fustigó a quienes ahora acusa del peor de los delitos. El 19 de febrero pasado, en el acto de apertura de la licitación para la construcción del complejo hidroeléctrico Cóndor Cliff y La Barrancosa, en Santa Cruz, Cristina aseguró: "Ningún empresario que hoy participa de esta licitación fue a comer a la residencia presidencial de Olivos. El señor (Héctor) Magnetto (CEO del Grupo Clarín) durante la gestión de Kirchner, se debe haber sentado 10 ó 12 veces en nuestra mesa", dijo la Presidenta, en defensa de quienes dicen que hay empresarios "amigos del Gobierno".En su concepción del poder, para los Kirchner no hay grises y sí enemigos íntimos.