Encuentro con el diablo
Videla es el símbolo, la cara a nivel internacional del secuestro, la tortura y la desaparición de personas. Camilo Ratti.
Un día de octubre de 2006 el teléfono celular me despertó de la siesta. Algo zombi, atendí. –Hola– alcancé a balbucear.–Hola– ¿Ratti?–Sí –respondí– y antes de que pudiera preguntar quién era, una voz grave y nítida despejó todo tipo de dudas:–Le habla Videla, Jorge Rafael Videla.Se me heló la sangre, pero intenté disimularlo y empezamos una conversación que terminaría en la realización de dos entrevistas con el exjefe máximo de la dictadura. La primera en diciembre de 2006, y la segunda en noviembre de 2007. Ambas en su departamento de Avenida Cabildo 579, del barrio de Belgrano de la ciudad de Buenos Aires, donde Videla cumplía arresto domiciliario. El objetivo no era otro que abordar la historia de Luciano Benjamín Menéndez, su queridísimo camarada y compañero del ejército por más de 70 años, de quien estaba escribiendo una biografía histórica. Y si bien al principio Videla, como todos los jerarcas de la dictadura, se negó a aceptar cualquier tipo de entrevistas, logré convencerlo en una carta insistiéndole que él era un personaje histórico, y que yo quería entrevistarlo desde ese lugar, a lo que finalmente accedió. Así fue como entré al living del hombre más odiado de la Argentina.El principal responsable del más siniestro plan de exterminio ejecutado desde el Estado contra un grupo nacional. En este caso, por razones estrictamente ideológicas. No fue fácil entrar a esa casa. Debí prepararme psicológicamente y neutralizar toda mi subjetividad negativa frente al entrevistado. Abrirle paso al periodista, al investigador.El desafío era irresistible. Era Videla, el jefe de todo, el vértice de la pirámide represiva. El mismo que, encima, hasta ese momento no había hablado públicamente. con nadie. Con muchos nervios y fantasías sobre el entorno del personaje en materia de seguridad –que luego se derrumbaron porque en ese ambiente estaba el dueño de casa y su mujer, nada más–, a las 19 horas del 12 de diciembre del 2006 entré a la casa y segundos después se apareció el mismísimo Videla frente a mí, vestido con impecable traje y pelo engominado.Fue muy fuerte estar ahí, en ese living, frente a uno de los personajes que transformaron de raíz la sociedad argentina, partiéndola en mil pedazos. El símbolo. Videla es el símbolo, la cara a nivel internacional del secuestro, la tortura y la desaparición de personas. El representante de la dictadura genocida ante el mundo. El autor de la más cínica de todas las frases posibles, que negaba los desaparecidos al transformar los cuerpos lacerados en "entelequias", "personas que no se sabe dónde están, porque no están ni vivos ni muertos, están desaparecidos". El mentor y principal sostén del plan económico ultraliberal de José Alfredo Martínez de Hoz, que destruyó la industria nacional, aumentó el desempleo a cifras históricas y quintuplicó la deuda externa.Videla, el católico devoto de San Agustín, que justificó la tortura y la muerte para "salvar la civilización occidental y cristiana". La "paloma" que bendecía y admiraba íntimamente al "corajudo" de Luciano Benjamín Menéndez, pero que eligió a su amigo Roberto Viola para perpetuarse en el poder, porque le garantizaba relaciones que el "cruzado" del Tercer Cuerpo de Ejército dinamitaba con su política del garrote. El hombre elegido por la Sociedad Rural, la embajada de Estados Unidos y el Vaticano para neutralizar a Massera y conciliar la diversidad de intereses que cohabitaban en la "dictadura colegiada" que gobernó el país entre 1976 y 1983.Se fue Videla, el emblema del terrorismo de Estado. Dejó heridas profundas, que recién hoy están cicatrizando. Pasó a la historia como el violador serial de la condición humana, y dejó este mundo convencido de haber sido un héroe. Pero fue un eficaz enemigo del pueblo.Vaya a saber Dios qué reino le espera.
* Periodista / Autor del libro “Cachorro”

