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Ella maneja el sol

El Gobierno puede arrodillar a gobernadores que ni siquiera saben cómo hacer para pedir perdón. Adrián Simioni.

15 de diciembre de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Ella maneja el sol

"Democracia pluralista, republicana y federal, las castañas", protestarán unos. "Es la única manera de sostener a un Gobierno que gestiona para las mayorías populares", justificarán otros. Lo cierto es que Cristina Fernández está en condiciones de decidir por sí misma capítulos cada vez más enteros de la vida de todos nosotros. El Congreso con mayoría K ha descendido de escribanía a mesa de entradas. Te doy, te quito, te doy, te quito, te doy... Ella decide, bajando y subiendo pisos y techos, cuánto pagarán los asalariados por Impuesto a las Ganancias (y ahora ya con esas atribuciones legislativas cedidas por el Congreso al Ejecutivo). En poco más podrá decidir cuánto papel hecho en el país recibe cada diario y también cuánto podrá importar cada uno. Un día puede aumentar la Asignación Universal por Hijo (AUH) y así se hará. O decidir que son pocos los asalariados que en un año dejaron de cobrar casi 500 mil salarios familiares (equivalentes a la AUH) porque sus sueldos perforaron el piso por debajo del cual tienen derecho a ese beneficio y que sólo se ajusta por inflación si ella quiere. Aunque, como todos sabemos, la inflación no existe porque ella también puede imponer esa idea con el Indec, cuya manipulación, que iba a ser pasajera, acumula ya tres años. Ya hace rato que decide quién y cuándo exporta o importa qué; a dónde y desde dónde; para qué y por qué.A la tarde del mismo día puede bajarle o subirle el pulgar a un barrio porteño como, digamos, Flores, y quitarles todos los subsidios al gas, la luz y el agua a todos sus habitantes por considerarlos "homogéneamente ricos", aunque durante ocho años el Gobierno les haya dado el cuádruple de beneficios que a los habitantes de Tartagal. Pero a la mañana siguiente el Gobierno puede cambiar de idea y permitir que los vecinos invoquen una de 12 razones por las cuales está permitido decir que se necesita el subsidio. Y sus funcionarios podrán concederlo o no según parámetros que nadie conoce y que, por tanto, no se podrán recurrir administrativa o judicialmente. De todos modos, ya por la tarde, y si la plata alcanza, pueden considerar a Flores "homogéneamente pobre" como hasta ahora y mantenerles el subsidio a todos y listo. La verdad es de plastilina. Durante un par de años en que el dólar está muy caro, sus funcionarios y divulgadores pueden burlarse de economistas que se atrevan a señalar que subas salariales masivas de 25 por ciento, sin un aumento paralelo de productividad, pueden tener efectos inflacionarios. Pero, de golpe, pueden, en abstracto, ponerles un tope de 18 por ciento a las futuras paritarias o, en concreto, anular un acuerdo entre las cámaras y los peones rurales para subir los sueldos en 35,7 por ciento. Todo eso luego de acusar durante años a la Mesa de Enlace como la más desalmada explotadora de seres humanos, aunque sin dar nunca números ni reparar en el hecho de que el agro predominante no es usuario intensivo de mano de obra.Ninguno de los funcionarios que antes se burlaban de los demás sale a explicar si esas determinaciones son para reducir un potencial efecto inflacionario vía salarios recientemente descubierto por los teóricos de La Cámpora o si obedecen a alguna otra razón. No hace falta que expliquen nada, ya que de todos modos ningún comisario epistemológico de Carta Abierta los acusará de deshonestidad intelectual. Nebreda da una clase de lealtad a la UEPC. Su gobierno puede decidir también si un gobernador podrá pagar los sueldos de una provincia o no; y deberle 1.200 millones de pesos derivados de un convenio basado en ley del Congreso y refrendado ante la Corte Suprema sin que nadie diga ni mu, empezando por sus propios seguidores, embarcados en un doctorado de hipocresía. Sus legisladores, aunque sean representantes de la propia provincia afectada y provengan del sector que va a ser golpeado por el ajuste, también callan. No es fantasía. Tomen el ejemplo de la diputada nacional por Córdoba Carmen Nebreda. Siempre ha sido la primera en protestar cuando alguien sugirió recortar los impagables beneficios de la Caja de Jubilaciones de Córdoba, que ahora son más impagables que nunca. Se entiende. Ella es dirigente sindical de los maestros, el grupo mayoritario de aportantes y beneficiarios de la Caja.Sin embargo, no sólo no le ha reprochado nada al Gobierno nacional que viene haciendo todo para que los maestros jubilados reciban un brutal ajuste. No firmó el proyecto de ley que impulsa su colega Francisco Fortuna en Diputados (aseguró que nunca le mostraron ni le explicaron la iniciativa) para que los giros de la Anses a las cajas provinciales sean automáticos. Y ayer le explicó a este diario que no cree que la iniciativa se trate en estas sesiones porque no está en el temario. Cuando se le preguntó si votaría el proyecto en caso de que se lo proponga en el recinto, como planea Fortuna, dijo: "No puedo votar algo que desconozco".A esos niveles llegan las lealtades a Cristina Fernández, que le permiten, como en estos casos, tener arrodillados –sin siquiera decirles qué tienen que hacer para que los "perdonen"– a gobiernos que han sido tan democráticamente elegidos como el de ella.Debería asombrar, pero da risa. El jefe de los intelectuales K, Horacio González, acaba de decir que "las condiciones de la Argentina hacen que el Gobierno sea débil". ¿Qué será para él un gobierno fuerte?