Las dudas siguen ancladas en el financiamiento
Hablar hoy de marzo de 2001 suena a algo muy lejano, pero fue en esa fecha que alumbró, con más problemas que soluciones, el esquema de transporte urbano que ideó Germán Kammerath y cuyos jirones sobreviven hasta ahora. Rubén Curto.
Aquel proceso nos legó tempranas deserciones de empresas que habían ganado, inconvenientes para trasladar a la realidad los dibujos de escritorio y una monumental crisis económica que abortó cualquier posibilidad de inversión cierta.
Pero fuera de las diferencias contextuales, de aquella experiencia sobrevivieron algunos conceptos que, con matices, retoma ahora Ramón Mestre.
La idea de desdoblar recorridos centrales de los barriales para darles a los primeros prioridad de circulación, velocidad comercial y capacidad de carga, parten de un diagnóstico compartido.
Por su extensión y baja densidad, la ciudad propicia larguísimos recorridos, con pocos pasajeros transportados y –para peor– superposición de líneas y servicios.
Enfocarse en dar celeridad y previsibilidad a los tramos que más demandan los usuarios (por ejemplo, de un CPC al centro), suena a priori más que razonable.
El futuro sistema pondrá nuevamente sobre la mesa la necesidad de que los cordobeses se acostumbren a un cambio de paradigma.
Lo que viene supone que el beneficio colectivo está en usar transportes masivos y relegar los individuales, y también que las estrechas y congestionadas calles de la ciudad deben dar curso primero a los colectivos y no a autos particulares.
Hasta ahí, la idea que se quiere poner en marcha, a partir de un diseño técnico.
Mención aparte merecen las condiciones fácticas para avanzar en ese sentido.
Los técnicos municipales aseguran que la ecuación que hicieron no contempla para la prestación costos muy superiores a los actuales, y que incluso mejorará la rentabilidad para las empresas.
Aun si así fuere, no hay que perder de vista que el transporte urbano se sostiene con subsidios dobles: de la Nación y del propio municipio, en una proporción creciente.
Mestre ya adelantó que su pretensión es no subsidiar más el servicio. Y la Nación quiere por lo menos amesetar sus millonarios desembolsos en la materia.
Con ese telón de fondo se dirimirá el futuro transporte urbano de la ciudad, cuya mayor incertidumbre sigue radicando en cómo se lo financiará. ¿El cambio de modelo traerá aparejado un sinceramiento tarifario? No se sabe.
Ahora los concejales debatirán sobre el dibujo “técnico” del modelo. Luego se verá, a la hora de la licitación, si es económicamente viable.

