Discursos para maquillar ajustes
El progresismo de que paguen mucho los que tienen poco es complejo de entender, tanto desde los dichos como desde los hechos. Roberto Battaglino.
En nombre del “modelo nacional y popular”, de la “discriminación de la Nación”, de la “pesada herencia de las anteriores gestiones”, Cristina Fernández, José Manuel de la Sota y Ramón Mestre cierran el año con anuncios –más o menos maquillados, según el caso– de fuertes ajustes a los contribuyentes para el año que viene.
El no reconocido impuesto inflacionario, que siempre castiga peor a los sectores de menores recursos y asalariados, seguirá siendo un flagelo para los bolsillos argentinos en 2013, según admiten propios y extraños.
Y, al no ser reconocido, el ajuste inflacionario adquiere dimensiones perversas, como –por caso– cuando no se modifican alícuotas y se grava con el pomposo nombre de Ganancias a trabajadores que reciben un sueldo que les garantiza apenas una subsistencia decorosa. O cuando asalariados que cobran una remuneración escuálida dejan de recibir el salario familiar, histórica conquista de los trabajadores que ha ido siendo dejada de lado por los gobiernos del propio peronismo.
Anteayer, en la tribuna santafesina, la Presidenta mantuvo su enojo con todos aquellos que no están de acuerdo. Y mientras acusaba de ultraconservadores a los que marcharon la semana pasada en todo el país, utilizaba para dirigirse a los sindicalistas –que la semana próxima generarán otra muestra de rechazo al Gobierno– el mismo discurso que usan representantes empresarios cuando negocian con sus empleados.
El progresismo de que paguen mucho los que tienen poco es complejo de entender, tanto desde los dichos como desde los hechos.
En Córdoba, hay estilos que se emulan. Pese a que el gobernador se ocupa en mostrar todos los días su enfrentamiento con el Gobierno nacional, lo cierto es que hay estéticas que se repiten, como, por caso, disimular los ajustes impositivos o responsabilizar a otro.
La Provincia sufre la falta de envíos de fondos nacionales, además del contexto inflacionario. El dato es ineludible. Ahora bien, ¿alcanza con la discriminación nacional para fundamentar todo el peso del ajuste cordobés?
El gobernador demostró que hay sectores a los que privilegia sobre otros. Con el campo se sentó en persona a acordar el aumento impositivo. Otros actores, como por ejemplo los jubilados provinciales, no tuvieron igual suerte cuando se les aplicó un recorte por la vía del diferimiento de aumentos.
Antes de terminar la negociación con el campo, De la Sota se enojó en Jesús María con un pronunciamiento crítico de la Sociedad Rural de esa ciudad y dijo: “Si están tan disconformes, voy a cumplir con la ley, llamo al jury, determinamos el valor de los campos, que hace 12 años que no se determina, y van a tener que pagar un 600 por ciento más. Para evitar eso, les he dicho ‘colaboren, ayuden, en una situación en la que el Gobierno nacional no nos paga lo que nos debe’”.
Un gobernador, ¿no está obligado a cumplir con la ley? ¿Hace 12 años que no se cumple con la ley en Córdoba?
El ajuste de Mestre, que sufriría la caída de una parte de su proyecto recaudatorio por la reacción social, es anunciado por segundo año consecutivo en nombre de la herencia y para mejorar obras y servicios municipales.
Mientras tanto, cierra el año con una incidencia del 67 por ciento del gasto salarial sobre los ingresos totales del municipio, con lo que la porción de la torta para obras y servicios sigue siendo minoritaria, para aflicción de los cordobeses.

