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El Día de la Inmaculada Concepción

Mientras los protestantes piden mayores libertades, a Cristina se le ocurre avanzar con los cercenamientos. El día después del 7D. Edgardo Moreno.

24 de septiembre de 2012 a las 12:10 a. m.
El Día de la Inmaculada Concepción

"Vamos a ver cosas estrambóticas de aquí al 7 de diciembre", concluyó la señora Kirchner en uno de sus más memorables mensajes recientes. Otro de los que integran la serie en la que instruyó a los argentinos en el escalafón del miedo. Durante el pasado fin de semana, la Presidenta cumplió con esa palabra empeñada. Puso a disposición del público una intimidación temeraria.Su gobierno –a qué tanto subterfugio– quiere entrar a punta de pistola en los medios audiovisuales del Grupo Clarín antes de que comience el año electoral. La notificación más inmediata de esas intenciones vino a través de un mensaje publicitario en el que los creativos de la Casa Rosada –luego de cavilar en las honduras de la innovación– calificaron el día del desembarco con el mismo tono zumbón de los generales aliados al planear su primer paseo en las playas de Normandía.El 7D. Según el aviso firmado por un flamante Martín Sabbatella, será un día fastuoso. El último amanecer del ancien régime. Al día siguiente, en el feriado de la Inmaculada Concepción, Argentina también podrá festejar una maternidad distinta: aquella que dará a luz a la diversidad, la pluralidad de opiniones y la dicha inesperada de un espacio público liberado para siempre de la infamia y la mentira.La aurora del día 8 traerá las primicias de un mundo nuevo. De novedades tan abismales que sólo se alcanzaría a imaginar hoy el esplendor de sus infinitésimas.En esa jornada, toda controversia habrá desaparecido. Como en el camino de Damasco, una verdad resplandeciente iluminará a los infieles.En cada mensaje de la cadena nacional, se harán evidentes las claves de la vida; en todo informe del Indec, la belleza inmaterial de esa revelación cifrada. Y el programa oficialista que hoy se arroga la propiedad del inconsciente colectivo habrá de abandonar –seis, siete, ocho veces– esas oscuras profundidades freudianas para transformarse en la luminosa verdad insospechada, en la urbe y en el orbe.Así, ajusticiada la gran bestia pop, también todos los desasosiegos del presente habrán desaparecido. La economía indómita, la marginación y la pobreza, el reclamo de quienes creyeron en la promesa de libertad e igualdad.Para el Gobierno, el 7D habrá resultado de ese modo un emético eficaz como el que suministraron en la hora final a Mariano Moreno. Amargo, pero, a juicio del poder, entodo necesario.El plan de intimidación pública para facilitar las vías de hecho en la aplicación de la ley de medios audiovisuales estaba pergeñado desde que la Corte Suprema puso un plazo orientado a que se defina la constitucionalidad del artículo 161.El Gobierno, que ha ignorado no sólo los fallos sino las reprimendas de la Corte por la contumacia con la que se incumplen sus sentencias en elsistema jubilatorio, tampoco muestra pruritos en malversar públicamente lo que ha dicho el máximo tribunal en torno de las inversiones de los grupos de medios audiovisuales.No está en la órbita de las preocupaciones oficiales respetar otro poder que no radique en Olivos. Por eso, aunque el 7D no debería ocurrir nada –por hecho y por derecho–, el Gobierno intenta generar un estado de opinión pública que, cuanto menos, admita que puede aparecer ese día aquella drástica novedad.La desesperación por acelerar le vino al funcionariado después de lasruidosas protestas sociales en su contra, porque les adjudica el éxito de la convocatoria a esos medios. Un error grueso: las redacciones fueron sorprendidas por la masividad de los manifestantes.La equivocación en el diagnóstico le quita acierto a la acción. Mientras los protestantes piden mayores libertades, a Cristina se le ocurre avanzar con los cercenamientos.Si de ese modo espera que las cacerolas se conviertan en tuppers más silenciosos, debería sacar provecho de su estadía en Nueva York e indagar sobre delitos de lesa humanidad perpetrados por el señor Mark Zuckerberg, dueño y creador de Facebook, o sus antepasados.Después de la Inmaculada Concepción, será necesario ir por él.Dicen que tiene un muro, donde –con nueva tiza y carbón– la gente escribe grafitis.