Temas del día:

El descontrol que invita a faltar

Lo que está en tela de juicio, una vez más, es lo que hicieron quienes gobernaron para que hoy, en el municipio, cobrar un sueldo no siempre implique eso que para el resto de los mortales es trabajar. Virginia Guevara.

31 de marzo de 2013 a las 12:01 a. m.
El descontrol que invita a faltar

Se sabe que la Municipalidad de Córdoba paga cerca de 11 mil sueldos, que la media salarial casi triplica a la del resto de los cordobeses que trabajan en relación de dependencia y que esos sueldos consumen bastante más del 60 por ciento del presupuesto municipal. Se sabe también que son pocos los días en que no hay protestas y que el gremio que representa a los municipales goza de dos paritarias al año –la primera de este año comenzará en pocos días–, con subas salariales casi siempre por encima de la inflación. Protestas gremiales y aumentos de sueldos: hasta hace poco, no se conocían otros datos de esa problemática relación laboral que influye como ninguna otra variable en todo lo que el municipio puede (y no puede) hacer por el resto de los cordobeses.La administración de Ramón Mestre no logró evitar las asambleas y hasta ahora reiteró los generosos aumentos semestrales, que son costumbre en el municipio. Hay que reconocerle que, en paralelo, comenzó a relevar otros aspectos del trabajo de sus agentes: esos que el municipio comparte con cualquier otra organización laboral.Desde hace más de un año, se sabe como nunca antes cuánto y en qué conceptos cobran los municipales. Y ahora también se sabe que el nivel de ausentismo en el municipio roza lo escandoloso, que el sistema de control de las carpetas médicas es casi inexistente de tan vulnerable –idéntica sería la situación respecto de los títulos académicos por los que la inmensa mayoría de los empleados percibe adicionales– y que por años en el municipio se pudo faltar sin siquiera justificar la ausencia. Después de mucho tiempo, se comenzó a hacer valer la cláusula del estatuto de los municipales que dice que deben ser cesanteados los agentes que tienen más de 10 faltas injustificadas en el transcurso de un año. Los primeros decretos ya fueron publicados y sorprenden: las dos primeras cesantías se aplicaron a un inspector de tránsito que tuvo 30 faltas en 2011 y a una empleada del CPC de Argüello que desde abril de 2012 registró 54 faltas y no justificó ninguna. En los últimos días, hubo otras cinco cesantías. Las autoridades municipales saben unas cuantas cosas más: la Universidad Tecnológica Nacional Regional Córdoba acaba de finalizar un relevamiento de todos los procesos del área de Recursos Humanos del municipio. El trabajo es voluminoso y describe falencias inverosímiles respecto del manejo de la información laboral de cada agente –la ausencia de un legajo único encabeza el listado de problemas–, el control de presentismo, la supervisión de carpetas médicas, la liquidación de haberes y el desconocimiento de la tarea específica de muchísimos empleados. Nada de eso es adjudicable a los municipales ni al gremio que los representa. Pero habrá que ver cómo reaccionan cuando se pretenda establecer algún control sobre ese universo laboral hoy descarrilado. Lo que está en tela de juicio, una vez más, es lo que hicieron quienes gobernaron para que hoy, en el municipio, cobrar un sueldo no siempre implique eso que para el resto de los mortales es trabajar.