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El "déjà vu"de un pasado odioso

El chichoneo entre Cristina Fernández y el secretario General de la CGT, Hugo Moyano, sobre la participación de los asalariados en el producto interno bruto (PIB), le agregó una foto a quienes, por momentos, sienten en estos días que vuelven a vivir momentos de la primera mitad de la década de 1970. Adrián Simioni.

05 de mayo de 2011 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El "déjà vu"de un pasado odioso

El chichoneo entre Cristina Fernández y el secretario General de la CGT, Hugo Moyano, sobre la participación de los asalariados en el producto interno bruto (PIB), le agregó una foto a quienes, por momentos, sienten en estos días que vuelven a vivir momentos de la primera mitad de la década de 1970. Las chanzas entre Presidenta y gremialista no son mero divertimento. Se dan en un contexto en el que Cristina ha pedido a los gremios que aflojen con la puja salarial y la ola de conflictos sindicales, pese a lo cual, por ejemplo, el hijo de Moyano, Pablo, avisó ayer que en 15 días "parará el país" si las petroleras no acceden a exigencias de su gremio.Moyano aprovechó el acto del viernes para decirle que hay que volver al "fifty-fifty" del que hablaba Perón, en referencia a que la masa salarial total debería equivaler a la mitad del PIB. Cristina le respondió el lunes: "Los trabajadores están casi llegando" a ese nivel, dijo.Es un tema caro al progresismo nac&pop. Aunque las estadísticas son lábiles. Primero, porque no hay series continuas y se ha medido de distintas maneras. Segundo, porque la realidad cambió tanto (trabajo informal, cambios en la modalidad de empleo, manipulación de datos en Indec), que es probable que no reflejen con exactitud la evolución. El Banco Central, por ejemplo, las midió hasta 1973. El récord fue 1954, cuando la masa salarial equivalió al 50,84 por ciento del PIB.Hace poco, la Presidenta situó el récord en 1974, cuando, según un trabajo de Llach y Sánchez que estimó las cifras hasta 1982, llegó a 44,71 por ciento.Las últimas cifras de Indec son para 2007 y establecen que los salarios equivalieron a 42,9 por ciento del PIB, no tan lejos del número de 1974 pero menor a la cifra lograda en los "malditos '90", que la misma serie del Indec calcula en 44,7 por ciento (igual a la calculada para 1974 por Llach-Sánchez).En fin, es un dato para usarlo según convenga o no. La propia Presidenta, al hablar con nostalgia del año 1974, no dijo nada sobre lo que sucedió en 1975, cuando el también peronista ministro de Economía, Celestino Rodrigo, dispuso un fuerte ajuste para una economía cuya inflación se había disparado pese al pacto social impulsado por su antecesor, José Ber Gelbard, y cuya productividad había colapsado bajo un caos de conflictividad gremial y violencia política. El impacto del ajuste pegó de lleno en 1976 (porque se instrumentó recién en junio de 1975), cuando la masa salarial se derrumbó (junto al gobierno democrático) a 27,86 por ciento del PIB.Y ahí viene una parte del déjà vu . Aunque las bases del "modelo" se han invertido respecto de las que inauguraron el mismo esquema en 2003, los pilares de sustentación política de Cristina Fernández (progresistas, gremios, etcétera) tiran de la cuerda y le exigen mantener el ritmo: más gasto público, jubileo de costosos derechos y subas salariales del 30 por ciento.La otra parte tiene que ver con el sector privado, que enfrenta costos en alza, fuerte conflictividad gremial, intervencionismo estatal (caso Techint) y cambios normativos radicales, como el que anoche determinó el Congreso, tal vez sellando la suerte de los seguros de salud privados.