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Cuando se necesita algo más que gestos

Cuando gobernador e intendente de la Capital se peleaban, la ciudad sufría el deterioro; ahora que gobernador e intendente están en sintonía, la ciudad sigue mostrando deterioro. Roberto Battaglino.

21 de mayo de 2010 a las 12:01 a. m.
Cuando se necesita algo más que gestos

Argentina evoca sus 200 años manteniendo contradicciones, antinomias y paradojas que fueron constitutivas de nuestra Nación. Córdoba no escapa de esa impronta.

Por caso, la historia cordobesa tiene mucho más períodos de enfrentamientos entre el gobernador y el intendente de la ciudad de Córdoba que las etapas de concordia entre los gobernantes de ambas jurisdicciones.

Desde el regreso de la democracia, las relaciones entre gobernador e intendente capitalino fueron traumáticas. Eduardo Angeloz y Ramón Mestre mantuvieron vínculos tirantes entre 1983 y 1991, con un mayor deterioro cuando el entonces intendente decidió desafiar al caudillo en la interna radical; también al son de la interna radical, Angeloz y Rubén Martí tuvieron fortísimos enfrentamientos en la etapa 1991-1995, más cuando el intendente advirtió que su ex jefe político se aprestaba a caer en desgracia; Mestre y Martí arrancaron muy mal por viejas cuitas partidarias y sólo tuvieron un trato cordial por un acuerdo interno cuando ya estaba avanzado el período 1995-1999; José Manuel de la Sota y Germán Kammerath arrancaron como socios la fase 1999-2003 pero a poco de andar se separaron irreconciliablemente; la historia bochornosa de De la Sota-Luis Juez en el ciclo 2003-2007 es harto conocida.

La ciudad fue sufriendo, en deterioro concreto, estas desavenencias.

Juan Schiaretti y Daniel Giacomino decidieron, por necesidades diferentes y parecidas a la vez, romper con esta historia y apoyarse mutuamente para suplantar sus carencias de liderazgo en sus espacios.

Lo hicieron con el argumento de que debían priorizar la ciudad por encima de las diferencias partidarias y sentar bases superadoras a las de sus antecesores.

A horas de la celebración del Bicentenario, han reafirmado el compromiso con la inauguración de obras en el centro de la Capital. El contexto político que rodea a cada una de las administraciones no les daba margen para disputas.

Ahora bien, ¿mejoró algo la ciudad desde que el gobernador y el intendente no se pelean?

Diferentes indicadores y expresiones de vecinos, entidades intermedias y actores sociales dan cuenta de que Córdoba empeora cada día, más allá de rescatar la importancia de ciertas obras.

Por ende, todo parece indicar que se necesita algo más que llevarse bien, independientemente de que sea plausible el gesto de convivencia política, con clima de Bicentenario, en un país signado por los enfrentamientos.

Pero no alcanza. Córdoba necesita gobernantes que convivan, pero que también gestionen con un plan.