Costa Pobre
Esta vez, la conspiración vino del centro. Edgardo Moreno.
El puerto de Tema, en la costa este de Ghana, se precia de ser la ciudad más próxima al ombligo del planeta. Cero grado de latitud y cero de longitud.
Una curiosidad simbólica. Como lo es también la nave emblemática de la Armada nacional. Un ícono cuyo valor económico es indescifrable y que, al parecer, ha quedado por fuerza varado, justamente por esa condición de significante invaluable.
La decisión de visitar Ghana fue tomada con conocimiento de los ministros de Defensa y de Relaciones exteriores, según la confesión de parte expuesta el domingo por el asesor Horacio Verbitsky.
Al canciller Héctor Timerman se le solicitó además, desde el mando naval, la gestión pertinente para obtener “la debida autorización para transitar por aguas jurisdiccionales francesas” a tal fin. Hasta allí, todo era entusiasmo y cooperación para abonar el giro a babor iniciado por el Gobierno con la misión comercial a Angola. Clima de época.
Incautado que fue el grumete, y careciendo de un hermano con rango ministerial a quien culpar por el yerro, el poder administrador le apuntó a la Armada. Cuya tarea en la defensa nacional, puede inferirse, incluye desde ayer la gestión extrajudicial de gambito a fondos buitres.
Por ahora el responsable ha sido el jefe de la Marina. Pero es altamente probable que en la jornada lumínica del 7-D se descubra que también la saga de la fragata secuestrada haya sido una conjura de la prensa cipaya y sus partes de inteligencia.
Angustiado por sus errores, el gabinete de Costa Pobre se arredra ante la voz de mando. El general González impone una idea genial: declararle la guerra a una gran potencia para perderla con obviedad y vivir tranquilamente en condición de súbditos.
Los ministros aplauden, plañideros, seducidos. Hasta podría soñarse así, con recuperar la fragata. Su nombre ha quedado anclado en un lejano puerto. Se llama, desde su bautismo, Libertad.

