Congreso: Kirchner ordenó romper el diálogo con opositores
Esta semana podría tener productividad legislativa nula. La apuesta del Gobierno es frenar todas las embestidas anti-K en el Senado.
Buenos Aires. Néstor Kirchner dio la orden. "Esto es una guerra y nadie negocia nada más (con la oposición)", aseguran que les dijo -o les hizo decir- a los popes del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados. El ex presidente está muy molesto porque el oficialismo, que sólo controla un poco más de un tercio de diputados, no puede frenar las embestidas opositoras. Tamaña impotencia lo llevó a ordenar el cese de todo diálogo y dejó en fuera de juego a sus acostumbrados interlocutores en esa cámara.
El malestar de Kirchner siempre fue in crescendo desde que la oposición se quedó con el manejo de todas las comisiones, en diciembre del año pasado. Pero hace 20 días, cuando se terminaron de armar las comisiones bicamerales y la oposición volvió a quedarse con la presidencia de casi todas, el patagónico explotó y ordenó romper lanzas. Es que en esta oportunidad el arco anti K le arrebató la titularidad de la bicameral de Inteligencia al kirchnerismo.
En este contexto, la apuesta de Kirchner es frenar todo en el Senado, una cámara donde la oposición y el oficialismo están en posiciones de empate y en la que el Gobierno ha tenido constantes éxitos a la hora de congelar las avanzadas opositoras.
Hoy, el Senado vive momentos delicados. Oficialistas y opositores son conscientes de que la guerra por el quórum podría dejar por mucho tiempo inactivo el cuerpo y, con ello, paralizado el Congreso ya que ninguna ley podría ser sancionada por ambas cámaras.
La semana que se inicia podría tener productividad legislativa nula. La oposición tiene pendiente poder conseguir quórum en Diputados para seguir con la dos veces postergada votación del articulado de la ley de Glaciares. En este tema, el kirchnerismo tiene la orden de no negociar nada y dejar que si el tema pasa al Senado duerma allí el sueño de los justos. Pero hay diferencias entre los opositores: el Pro no está de acuerdo con la norma, y esto pone en riesgo la sesión ya que sin el bloque macrista no se llega a los 129 diputados necesarios para sesionar.
Las iniciativas para reformar el Indec y para sacar una ley que lleve las jubilaciones al 82 por ciento del salario mínimo, vital y móvil todavía no tienen el consenso suficiente entre los opositores como para aventurarse este miércoles a propiciar su debate. Por eso, el martes habrá una reunión de los jefes de bancadas para ver qué temas abordar.
En el Senado, la agenda de temas está más complicada. La semana que pasó no hubo sesión y este miércoles ni el oficialismo ni la oposición están en condiciones de animarse a dar batalla por los proyectos clave ya que ningún sector tiene garantizado el quórum y el triunfo posterior. El jefe del bloque radical, Gerardo Morales, sólo se arriesgaría con la modificación del Indec, pero "el tema está verde", aceptan en las filas de la oposición.
La crisis de nervios que se vive por las acusaciones de líderes anti K como Felipe Solá, Elisa Carrió y Gerardo Morales que no dudan en arrojar sospechas sobre los senadores que en los últimos meses giraron sus posiciones en beneficio del Gobierno ponen en duda que, por un tiempo, se puede sesionar y tratar algún tema clave. El kirchnerismo, con Miguel Pichetto y Daniel Filmus a la cabeza, ya se presentaron a la Justicia para que ésta investigue las denuncias retóricas de la oposición.
En medio de este clima de hostilidad e incertidumbre, el Parlamento debe resolver de qué manera se prorrogan unas 50 leyes que contienen facultades delegadas del Legislativo en el Ejecutivo y que son vitales para la administración del Estado. Entre ellas, el Código Aduanero, que permite fijar las retenciones, y la ley de Abastecimiento que le permite al secretario de Comercio, Guillermo Moreno, negociar los precios de productos básicos.
Muchos pronostican que a cada decisión adversa, la presidenta responderá con un decreto de necesidad y urgencia.

