Una confluencia novedosa
Hermes Binner, Elisa Carrió, Fernando Pino Solanas y Ricardo Alfonsín fueron saludados con vítores, aunque no eran convocantes, sino convocados. Horacio Serafini.
Siete meses, tres grandes manifestaciones de descontento con el Gobierno. Pero a diferencia de las dos anteriores, la última tuvo un dato nuevo: por primera vez, la política, encarnada en la variopinta dirigencia opositora, confluyó con los disconformes ciudadanos de a pie.
El malestar, perceptible sobre todo en sectores medios y medios altos de la sociedad, tuvo su primera expresión callejera el 13-S y recién dos meses después, el 8-N, cobró una dimensión de multitud.
Pero en ambos casos, tuvo un explícito mensaje “antipolítica”, que recordó al “que se vayan todos” de 2001.
En ese sentido, los pases de factura en la última de ellas alcanzaron también al conjunto de la oposición, a la que se le enrostró su incapacidad de actuar legislativamente como lo que dice ser.
Anoche, en cambio, hubo respeto de parte de los manifestantes hacia la oposición, y hasta justas demandas de unidad. La razón del cambio habría que bucearla en la reforma para la “democratización” del Poder Judicial impulsada contra viento y marea por la Presidenta, en la que opositores y manifestantes coinciden en ver el supuesto principio del fin de la República.
También en el impacto causado por la denuncia sobre presunto lavado de dinero del empresario ultrakirchnerista Lázaro Báez que como tal, por ahora, sólo alcanzaría al difunto expresidente Néstor Kirchner.
La demostración de este principio de confluencia entre ciudadanos disconformes y oposición pudo palparse en los alrededores del Obelisco. Las presencias de dirigentes como Hermes Binner, Elisa Carrió, Fernando Pino Solanas y Ricardo Alfonsín fueron saludadas con vítores de los presentes. De todos modos, puede decirse que esa confluencia dista mucho de lo que debería ser: los dirigentes opositores no fueron los convocantes, sino los convocados; fueron a la cola.
Hubo una ausencia notable, la de Mauricio Macri. El jefe de gobierno porteño convocó y movilizó a dirigentes propios, pero no se hizo presente. Cautela, por no decir temor, de quien pretende erigirse en el gran líder de la oposición y principal candidato presidencial en 2015.
Haber estado le habría significado exponerse también a ser blanco de la protesta, tanto por una gestión que deja mucho que desear como por la sensibilidad aún a flor de piel causada por la reciente inundación.
¿Significará esta novedosa confluencia algún cambio en el escenario político inmediato? Dependerá de los dirigentes de la oposición, de su capacidad para superar el accionar inmediatista y presentar programas ante las próximas legislativas. Por el lado del Gobierno, nada hace prever cambios: persistirá en el estilo que lo define: avanzar, avanzar y avanzar en la consolidación de su “proyecto”.

